Un corazón roto
La escritura a mano nunca tuvo motivos para dejar de acentuar las mayúsculas. / Shutterstock
Aunque nunca he llevado un diario, todo lo que escribo responde siempre a la misma necesidad: saber, acercarme a intuirlo, al menos, qué me pasa, cómo me siento, quién soy, articular sensaciones, pensamientos, reflexiones que de otro modo, mediante un lenguaje distinto, el hablado, sin ir más lejos, pero también el cinematográfico, el poético o el del arte plástico, no podría alumbrar. No es satisfactorio, ya que no hay garantías de lograr el objetivo perseguido, que después de la escritura, pueden ser tres folios o una sola línea, como aquella que tan «bien» le hizo sentir a Augusto Monterroso, hasta convertirse en «un Balzac», experimentes algo parecido al alivio de haber planteado las preguntas adecuadas, esas........
