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Capirotes, burkas y la geografía moral de la superioridad

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22.02.2026

La exalcaldesa de Barcelona Ada Colau, en una imagen de archivo. / Lorena Sopêna

España tiene una peculiar habilidad para fabricar inquisidores sin teología. No necesitan latín, ni escolástica, ni siquiera haber leído un libro entero: basta con un cargo público, una cuenta en redes sociales y la certeza íntima -inquebrantable- de pertenecer al bando correcto de la historia. A partir de ahí, todo es sencillo. El bien y el mal se reparten por afinidad ideológica, como los asientos en una boda. Unos cerca de la novia, otros al fondo.

En ese contexto, las recientes declaraciones de Ada Colau -Séneca que es la criatura- comparando a los nazarenos de la Semana Santa con el uso del burka y calificando nuestra tradición de «fanatismo religioso» no deberían sorprendernos.

De hecho, constituyen un ejemplo casi académico de un fenómeno muy español: el monopolio moral de las palabras bastas.

Hoy en España los términos fascista, extremista, ultra o fanático tienen dirección única. No describen conductas. Describen discrepancias. Se aplican siempre hacia el mismo lado del mapa ideológico, jamás hacia el propio. Sin embargo, pocas cosas resultan más llamativas que observar cómo quienes reparten certificados de tolerancia, evidencian la incapacidad absoluta para comprender lo que no comparten.

Y ahí aparece la señora Colau. Denuncia fanatismos mientras exhibe uno de manual: el prejuicio elevado a categoría intelectual.

Porque para poder comparar........

© La Opinión de Málaga