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Un robot en la cocina

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12.03.2026

Un robot en una cocina / l.o.

Toca adaptarse a los nuevos tiempos: la familia ha comprado un sofisticado robot de cocina. El padre, jubilado, no lo ve claro; siente un auténtico pánico escénico.

Una amable, eficaz y veterana agente comercial acude al domicilio para la puesta en marcha y una primera sesión práctica.

María Antònia Beltrán se llama la profesora, que tiene un canal de YouTube con cientos de seguidores. Lo primero, como dice el entrañable Karlos Arguiñano, «lavarse las manos».

Hechas las abluciones, empieza la clase. El aparato es el último modelo de una legendaria saga de electrodomésticos, un Ferrari de la cocina.

Los clásicos protocolos de los pucheros no sirven de nada; incluso hay que apartarlos de la mente. Se podría decir que es una cocina para tontos y para muy listos.

Me explico: la máquina está diseñada para guiarte, aconsejarte y vigilarte en todos los pasos de la elaboración. Es como si tuvieras un chef a tu lado, que te orienta y supervisa. Los más negados agradecerán esa ayuda.

Pero el invento también es para alumnos aplicados y espabilados. El ordenador de a bordo permite acceder a miles de recetas españolas y de la gastronomía de todo el mundo. ¿Me apetece una comida popular en las Islas Fiyi?, la busco y triunfo. Los más ordenados pueden planificar, al milímetro, sus menús semanales, algo estresante para los más desapegados.

Una de las claves es la conexión con internet y su enlace con nuestro teléfono móvil.

Se acabó el guisar aislado. Bienvenido al nuevo mundo de la comunidad gastronómica. Adiós a los libros de cocina de nuestras madres y abuelas. Fin de las recetas escritas a mano por nuestras vecinas para hacer panades por Semana Santa.

El fabricante alimenta esa globalización: te regala unas semanas de acceso a la plataforma y, luego, si te gusta, te cobra por la suscripción.

La máquina también permite una amplia creatividad. Los ‘cocinitas’ pueden experimentar y adaptar los platos a sus gustos o imaginación. Todo, no obstante, queda registrado en la singular olla.

La tutora, para la presentación, ha diseñado un completo menú que causa asombro entre los discípulos. Hay un entrante, un primero, un segundo, un postre y una limonada. El resultado es espectacular.

El aparato permite elaborar dos platos a la vez, como en el circo. Mientras se cuece una revitalizante crema de verduras, el utensilio del vapor, situado arriba, va preparando un pollo, unas patatas y unos huevos duros.

Hay una báscula de precisión para que el humano vaya aportando los ingredientes que la máquina reclama educadamente. Todo a su debido tiempo.

Quizás porque estamos en una demostración, el ingenio no para de alentarnos y darnos consejos. Es un poco molesto; no se sabe si esta propaganda se podrá suprimir en los próximos episodios. El progenitor se siente como si hubiese vuelto a la Primaria y la señorita no parara de animarle y de repetir lo excelente que es ese colegio.

La experta de carne y hueso, no obstante, da muy buenos consejos y avisa de los posibles accidentes domésticos. Cuidado con las afiliadas cuchillas, atentos a no rayar el vaso o a emplear mal los numerosos utensilios complementarios.

El proceso va acompañado de pegadizas sintonías. Hay musiquita para encender y apagar y otras señales sonoras para advertir de los diferentes pasos. Parece una feria. Los técnicos han conseguido también que el ingenio sea menos ruidoso que sus predecesores. No obstante, hay funciones de gran potencia sonora.

La experiencia dura casi tres horas. El progenitor acaba agotado. Han desaparecido algo de su escepticismo y miedo iniciales. Tendrá que adentrarse, poco a poco, en este nuevo mundo gastronómico.

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