Vendetta |
Protesta feminista / l.o.
Nadie hubiera podido predecir lo que pasó, pero salí de ese cuarto de baño mixto absolutamente extasiada. En plena Semana Santa y en un pueblo blanco de la costa malagueña, sentí unas ganas irrefrenables de hacer todo el escándalo con mis propias manos. Habilitaron un único aseo, aunque había otros, así que todos nos agolpamos guardando una especie de cola multiforme de más mujeres que hombres. No estaba cerca de ser mi turno, pero esto no importó. Tuve tiempo de estudiar la disposición de los retretes, dos cada uno con su puerta y pestillo. Tres mingitorios entre los cubículos privados de los retretes y, en frente, dos lavabos con espejo. Muchas mujeres agolpándose en cada una de las puertas y, entre tanto, un hombre orinando en el mingitorio central con gesto cohibido. Otro, huyendo del baño murmurando algo ininteligible al pasar por delante de mí. Y uno más, muy cómodo y algo alcoholizado, abrochándose torpe la bragueta sin el mínimo pudor. Éramos en número, claramente, más del triple. La mujer que tengo delante se da aire lanzándose la melena hacia atrás con las dos manos y, muy despacio, me dice con sorna: «míralo, si le ha dado vergüenza y todo, qué lastimita». Y ríe de medio lado buscando mi complicidad. Casi ni me doy cuenta de que tengo a un hombre empujando con una mano para poder salir del baño y que, con........