En voz alta
Justin Bieber lo ha hecho en Coachella. No como icono. Como alguien que necesita volver a ser humano. Muy incómodo para la mayoría, tremendamente sanador para una observante como yo. He visto a Justin Bieber mostrando su tránsito por la soledad y me ha emocionado su manera de reivindicar su historia. Ya no le importan los grandes escenarios y no parece una cuestión monetaria. Se sitúa desde la seguridad que otorga el aprendizaje emocional, saber situar las tragedias y sobreponerse a ellas. La plataforma: un escenario con audiencia mundial. El personaje: un cantante archi famoso, explotado por su industria, vilipendiado por su público. La persona: un artista que necesita sentirse humano.
A mí me interesan esos gestos que incomodan. No los que buscan atención, sino los que nacen de la necesidad. Los que no están pensados para gustar, sino para que perduren en el tiempo. Hacerlo en público no es un gesto menor.
Es una forma de volver a colocarse en el mundo. Me gusta recordar que cada vez que se me arregla un poco más el corazón, mi mundo es un poco más humano. Yo no conozco a Justin Bieber, pero reconozco el gesto y conecto con su arrojo que no es arrojo, sino la pura necesidad de decirlo y mostrarse en su medio. La figura pública de mi hermano no me ha representado en realidad, pero está adherida a mí por la eternidad. Afortunadamente, mi hermano hizo algo bueno por todos........
