Las mil caras del machismo |
Manifestación por la celebración del 8M. / Gregorio Marrero
No sé cómo era ayer es algo más que el título de un pódcast donde el minimalismo narrativo explica en qué consiste el maltrato a una mujer. Supone reivindicar que las historias que contamos necesitan cocerse a fuego lento. En este caso no vale un tuit ingenioso, ni la farsa de la multitarea, ni la perversa interpretación de que el tiempo es oro. Ahora que incluso las grandes noticias se consumen como productos efímeros, ha sido necesario más de un año de conversaciones de dos periodistas con Ángela para que ella se atreviera a narrar, con pelos y señales, las etapas de una década ominosa, que la desmontó como ser humano.
De hecho, el título del pódcast lo proporcionó la propia interesada. Una directora de cine publicitario, rebosante de atrevimiento, a decir de sus amistades, que acaba convertida en un juguete roto, incapaz de tomar decisiones por miedo al enojo -y al maltrato- de su pareja. Es en ese recorrido que va del enamoramiento al sufrimiento cuando ella misma no sabe responder a cómo era antes del calvario.
Comerás flores es también algo más que un fenómeno. La primera novela de Lucía Solla ha vendido ya más de cien mil ejemplares, desgranando los detalles de la relación tóxica entre una estudiante joven, frágil, y un maduro intelectual de pacotilla, que parece ajustarse al traje de lo que consideramos hipster. Veterano en su caso. Y maltratador dominante hasta el tuétano, también.
Lo interesante de la novela y del pódcast, además de su calidad, es que salen del formato ortodoxo de las noticias. Porque el goteo informativo de mujeres asesinadas, discriminación, desigualdad, agresiones sexuales, por cierto, cada vez más entre menores... es posible que tenga efectos anestésicos, por su reiteración. Y como, además, el discurso negacionista de la violencia de género y antifeminista está calando tanto -y no solo- entre los menores de treinta años, cualquier iniciativa que intente desenmascarar el machismo, en todas sus facetas y desde otros ángulos, merece un aplauso. Sería redondo si los hombres fueran mayoría a la hora de aplaudir.
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