¿Y quién lleva el burka?
Sociedad. Mujeres, burka, velos islámicos / LOM
La palabra prohibir no siempre es mala. Se prohíbe ir a una velocidad excesiva, se prohíbe ir en contra dirección, un semáforo en rojo te prohíbe cruzar por tu bien, está prohibido defecar en la vía pública (si eres humano, claro), está prohibido robar en una casa y hemos dado por bueno que fumar en un avión o un tren o un taxi está prohibido. Las prohibiciones no dejan de ser exigencias regulatorias para no hacer algo. Sin embargo, rechazamos, y con razón, que nos prohíban leer libros, o ver una película, o decir según qué cosas, porque eso está en contra de la libertad de expresión.
Burka sí, burka no, es un debate recurrente. Podemos perfeccionarlo con el nicab, el chador y el hijab, cada uno de ellos con menor ocultación del rostro. Como si el hijab fuera más moderno y libertino que un burka. Lo cierto es que esta es una polémica antigua que, como es habitual en nuestro país, no se acomete con tranquilidad e inteligencia, sino a golpes de debates en las redes sociales, que tanto ayudan a agitar y no concluir en nada.
La decisión de prohibir el burka, introducida en el debate político a través de una propuesta de Vox para ser discutida en el Congreso, ha dejado a más de uno fuera de juego. Hace unos 20 años esta propuesta habría sido rechazada de forma directa por toda la izquierda. Ahora la sigue rechazando, pero con dudas. Fueron muchos los que introdujeron la idea de la libertad cultural para entender los peligros de prohibir algo así. Pasado el tiempo el debate no se ajusta a esa línea. La evidencia estética de que un burka oculta a la mujer y la deja en un espacio fantasmagórico se enfrenta a los que utilizan la inmigración como un ataque a nuestra realidad cultural.
Lo cierto es que en Barcelona solo he visto burkas o nicabs en tiendas de lujo u hoteles del paseo de Gràcia. O sea, turistas. Otra cosa son los pañuelos o hijab. Esos sí pueblan las calles del país y muchas escuelas pero en ese debate, que está perdido, no ahonda la propuesta de Vox. Se habla también de un seguimiento por parte de PP a las tesis del partido de Santiago Abascal. Pero no es cierto. Los populares han llevado en sus diferentes programas electorales, desde hace mucho tiempo, propuestas de prohibición de burka. Así lo explica la ponencia aprobada en su congreso el pasado año. «Ninguna tradición ni creencia puede justificar prácticas que invisibilizan u oprimen a la mujer. El uso del burka o el nicab suponen una negación simbólica y práctica de su libertad y colisionan con principios superiores como la seguridad y el cumplimiento de la ley». Por lo tanto, el PP no hace seguidismo, más bien todo lo contrario.
Pero las dudas siguen. Es evidente que la mujer musulmana que no desee llevar pañuelos en la cabeza, al menos en España, tienen todo el derecho a no hacerlo. ¿De verdad que alguna mujer va a querer desaparecer en un burka por razones culturales? Vox hace trampa y la izquierda, como casi siempre, cae en la trampa. Las excusas también son las habituales. Y mientras, la extrema derecha continúa su ascenso en las encuestas.
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