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La hoguera familiar y un leño joven con un nudo

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20.01.2020

La vida en familia se parece mucho a una hoguera en la que cada uno de sus miembros somos un leño. Nos prenden al nacer y, desde que comienza el fuego, nos vamos consumiendo lenta e imperceptiblemente hasta que, tras convertirnos en brasa, acabamos extinguiéndonos.

Cuando nacemos se habla de "alumbramiento" y no creo que sea por casualidad. Y es que nacer significa que prenden fuego al leño que somos cada uno. Pero quien alumbra no es el que nace, sino el tronco del que se nace. Porque en el leño recién prendido es difícil que se asiente la llama. Se comienza con una débil combustión, en la que apenas se desprende luz y en la que el calor es casi inexistente. Por eso, el leño recién encendido es colocado junto a los otros troncos que llevan ardiendo desde hace años. Éstos le aportan sus propias llamas, su luz y su calor, hasta que prenda el fuego en el leño que acaba de nacer.

Cuando pasado algún tiempo el leño tiene ya su propia llama, adquiere una luz propia y desprende ya un calor intenso. Pero hay veces en que........

© La Opinión A Coruña