Relativismo, ética y legitimidad para el conflicto

Les he contado más veces que, cuando era muy joven, tuve la oportunidad de residir en un Colegio Mayor al que no todo el mundo podía acceder. Es más, por un excelente expediente académico y también por no exceder de un cierto umbral bastante alto de renta, me fue concedida una beca para prácticamente no pagar nada allí durante toda la carrera y el doctorado. Verdaderamente, una oportunidad mágica…

Estuve un año allí y, después, renuncié a tal privilegio. Lo cambié, contra la opinión de mis padres, por una solución bastante más incómoda, con viajes diarios que me restaron tiempo para el estudio, el deporte y para la integración en una etapa universitaria que nunca más volvió… Sin embargo, cuando lo miro hoy con la perspectiva de los años entiendo por qué tomé aquella decisión. No sé si volvería a hacer lo mismo o no, pero les reitero que sé que en aquel momento actué de forma coherente, teniendo en cuenta los parámetros de una situación en la que no quería estar presente…

Era el tiempo de las novatadas, crueles y salvajes. Con la excusa de la integración de los “novatos”, las vejaciones y los abusos eran constantes. Yo no sabía que existía todo aquello y, cuando me di de bruces con tal realidad, estallé y dije “basta” antes de que hubiera sucedido nada. Una noche mi compañero de........

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