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De las amenazas y los cuidados de la democracia...

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wednesday

Cuando ustedes me lean será ya 22 de abril. Ya ven, este mes que tanto prometía ya estará en su tiempo de descuento, y la realidad de un verano inminente estará un poquito más cerca, con eclipse total incluido esta vez... Sigue la vida, queridos y queridas, pero en realidad nada nuevo bajo el Sol, con un planeta Tierra que continúa ejecutando sus cinco diferentes giros impertérrito ante las broncas de sus inquilinos más inquietantes e insidiosos... Poco más,... y poco menos...

Mientras, en este país, seguimos empecinados en hacer lo fácil un poco más difícil, con una convivencia cada vez más envenenada, merced a la cada vez más marcada polarización en la vida pública, que desde ahí llega y se transfiere también a la sociedad en general... Algo que ni es baladí ni tampoco casualidad, sino que responde a intereses concretos para perfilar un estado de las cosas que algunos, ¡ay, ingenuos!, piensan que les beneficiará, poniendo la salud de sus próximas cuitas electorales por delante de aspectos mucho más importantes... Es como si no hubiésemos entendido, a estas alturas, que el deterioro en la praxis democrática no tiene ganadores, por mucho que se pueda entender así a corto plazo. No, cuando la confianza se quiebra y el ambiente se emponzoña cada vez más, perdemos todas y todos, sin excepción. Porque lo que está claro en tales casos es que lo que recogemos de tal tipo de proceso desintegrador siempre es una ruina en términos de empatía, solidaridad, cohesión y capacidad de mejora colectiva... Un horror, no les quepa duda de ello.

Pero desde determinadas instancias, como les digo, se sigue tensando la cuerda. Uno de los últimos episodios al respecto, verdaderamente bochornoso, fue la ya bien conocida irrupción de un diputado en la zona reservada a la Presidencia del Congreso, de forma inopinada y produciendo una interrupción de la sesión y del turno de palabra, ante la petición reiterada de quien ejercía la Presidencia en tal momento de que el interesado depusiese su actitud. Algo realmente inusual, yo diría incluso que inédito, y que más allá de tal hecho concreto conforma una nueva prueba de que un ambiente mucho más duro y en escasa sintonía con los valores del parlamentarismo se está consolidando en nuestras Cámaras. Sí, algo gravísimo, no les quepa duda de ello... Algo que nos puede pasar una factura inasumible.

Tanto es así que ayer, día 21, la Mesa del Congreso aprobó un acuerdo —y desgraciadamente no por unanimidad, que ya saben lo complicados que son los acuerdos en tales instancias, y más cuando a algunos se les juntan otras negociaciones que influyen en su voto— en el que censura tal «ataque», según dicho órgano lo califica. Un lamentable episodio que terminó con la expulsión del Pleno del diputado en cuestión, y que motiva ahora peticiones de refuerzo del Reglamento de dicha Cámara con el fin de que en la misma se disponga de mecanismos de actuación más contundentes frente a este tipo de incidencias.

Creo que es importante avanzar en ello y, al tiempo, coincido con la presidenta del Congreso en que, en el fondo, lo ocurrido no es más que un poquito más de lo de siempre: una burda escenificación que lacera y empobrece la praxis democrática. Es por eso, sobre todo, que debiéramos prestar una mayor atención colectiva a la evolución de tal clima en nuestras instituciones y, por supuesto, a la eventual eclosión de tal tipo de incidentes. Y es que la convivencia es uno de esos tesoros sólidos pero extremadamente frágiles, complejos y de laboriosa construcción, pero que pueden colapsar si no se tiene especial cuidado en extremar al máximo su preservación, a todos los niveles... Y las formas y el respeto a la diversidad, queridos y queridas, han de ser mimados mucho más allá de las soflamas, los discursos para la parroquia de cada cual y la testosterona imperante hoy en la comunicación entre las y los representantes del pueblo, que deberían estar enfocados fundamentalmente en intentar dibujar consensos y buscar soluciones, y menos en escenificar sus propias disensiones, salpicadas de exabruptos y de chabacanería...


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