El peligro para el Deportivo de jugar con un equipo tuerto
Castellón - Deportivo / Fernando Fernandez
Casi nada queda de aquel Zakaria Eddahchouri que, allá por septiembre, tocó cuatro balones y metió tres goles en Vitoria. Todo en poco menos de un cuarto de hora. Tan impactante como irreal si se atiende a ese delantero consumido por las dudas que jugó en Castellón. Entonces cogía su escopeta imaginaria y disparaba feliz a la grada, se colgaba a hombros a Mario Soriano y se multiplicaban los chascarrillos que con aquello del Percebeiro. Plenitud. Ya entonces el holandés era ese jugador al que le cuesta ganar duelos a los defensas y que parece no llevarse del todo bien con la pelota. Pero en aquel ecosistema perfecto, semejaba un ariete de otra dimensión, un 9 acorde a un equipo de ascenso directo. Pelota orientada y latigazo. Control y gol. Pim, pam. Todo muy masticable. Unos meses después, ni rastro de él. Ni de él; ni del Mulattieri que remataba poco, pero que hacía florecer el fútbol a su alrededor; ni del Stoichkov que atesoraba aún una parte de ese jugador franquicia del Eibar, de ese jugador dominador de una Segunda no muy lejana en el tiempo.
Las carencias estaban ahí y han hecho el resto el propio agujero en el que se han metido ellos y esa dinámica de juego del propio Dépor que, por momentos en esta temporada, les ha hecho vivir en una anemia continuada. Agotados. Simplificar el juego, hacerlo más rudimentario, cuando llegaron las primeras curvas de toda la temporada, les dosificó el alimento y se han debilitado, se han deshilachado. Son nada ahora mismo. Es cierto que ellos tampoco se han reivindicado en esos tiempos de mínimos que Antonio Hidalgo lleva semanas queriendo dejar........
