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El Deportivo no engaña a nadie

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08.03.2026

Deportivo - Granada / Carlos Pardellas

Enfadado sí, sorprendido no. No será sencillo encontrar a algún aficionado del Deportivo que no jurase en arameo, que no le carcomiese la impotencia viendo jugar a su equipo. La temperatura se disparaba, el enfado se notaba corriendo por las venas, casi de manera fisiológica. Eso sí, a nadie le habrá pillado desprevenido esa escena llena frustración, ese equipo minimizado y cortocircuitado con la pelota. Cuando futbolistas que han crecido y se han hecho un nombre pegados a su esférico les tira tanto cada vez que les ofrecen uno... Hay tantas preguntas y tan pocas respuestas que vayan a valer. Eso sí, nada de incredulidad porque el Dépor no engaña a nadie desde hace meses. A principio de temporada quizás, ahora ya no...No juega a nada, tiene un problema galopante con su falta de fútbol, algo que es aún más desquiciante cuando se analiza los jugadores que tiene en nómina. El derroche de talento es inmenso. Hasta Altimira ya no brilla como lo hacía en enero... Parece haber pedido la vez para meterse en ese agujero negro en el que ya están Luismi o Mella, entre otros. Y muchos de esos debes van en la espalda de Antonio Hidalgo, aunque pocos se salvan a estas alturas. Por todo eso Riazor nota los pitos en la punta de la lengua en cada partido. Y no tiene que ver con los puntos ni con de dónde viene el equipo, de Primera RFEF. Hay que ir a la raíz. Riazor y el deportivismo perciben falta de rumbo y eso es lo peor que se puede desprender. Da igual la categoría. Solo le sostiene esa cuarta plaza. No es soberbia, es que se conocen esta historia. Y encima el equipo fue un grupo sin alma en la segunda parte, salvo Bil Nsongo. Tras el descanso, no tiró a puerta el Dépor hasta casi el final. Ni empujó, mientras Riazor se iba marchitando. Una pena, la realidad.


© La Opinión A Coruña