¿Mejor que en 2023?

El contexto político actual no difiere excesivamente del de 2023, y en algunos aspectos podría decirse incluso que es más desfavorable para Pedro Sánchez. Por un lado, por los escándalos de corrupción que han afectado a su entorno político directo y a su entorno familiar. Y, por otro, porque tras ya casi ocho años en el Gobierno y con el escaso margen de maniobra, dada la ausencia de mayoría y sin presupuestos en todo lo que llevamos de legislatura, el desgaste puede ser más acusado. Sin embargo, diversos acontecimientos recientes permiten plantear la hipótesis de que las expectativas de Pedro Sánchez, al menos a corto plazo, podrían ser mejores de lo previsto.

El primero tiene que ver con los resultados de las elecciones autonómicas de Extremadura, Aragón y Castilla y León, que confirman que el PP es competitivo, pero no suficiente por sí solo y que necesita a Vox para gobernar. Ello le dificulta la atracción de votantes de centro e introduce incertidumbre respecto a la gobernabilidad. Y, a la espera de lo que suceda en Andalucía, donde el PP aspira a una mayoría más amplia, no hay señales claras de que pueda romper esa dependencia a corto plazo.

El segundo factor es la recomposición de la oferta a la izquierda del PSOE. La posible unidad entre Podemos, Sumar e IU en Andalucía es relevante. No garantiza mejores resultados, pero sí evita una fragmentación que penaliza. En 2023, la descoordinación tuvo costes, de modo que, si la fórmula funciona, la experiencia andaluza podría replicarse en unas elecciones generales, permitiendo al bloque progresista ganar eficiencia electoral.

El tercer elemento es la movilización. Sánchez ha apoyado parte de su estrategia en activar a su electorado mediante escenarios de alta polarización. En 2023 lo hizo en torno a la idea del muro frente a la extrema derecha. En el contexto actual, la apelación al «No a la guerra» o su intento de erigirse como némesis de Donald Trump pueden cumplir una función similar, al reforzar la identificación del electorado de izquierdas y favorecer su participación.

A ello se añade que algunas encuestas sitúan al PSOE en condiciones de disputar la primera posición. No implica que pueda alcanzar la mayoría ni garantiza la continuidad del gobierno, pero sí indica una reducción de la distancia con el PP y refuerza la percepción de que el resultado sigue abierto.

En conjunto, el escenario no es claramente propicio para Pedro Sánchez y el PSOE, pero, si se tienen en cuenta estos factores —algunos de los cuales son de carácter marcadamente coyuntural—, resulta, de entrada, menos desfavorable que en 2023, cuando las elecciones se convocaron tras una debacle en las autonómicas y municipales. La incógnita es si el presidente optará por aprovechar esta ventana de oportunidad, lo que exigiría decisiones a corto plazo, o si mantendrá su intención de agotar el mandato.

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