Violencia sexual organizada |
Esto está pasando ahora mismo en Telegram: «¿Alguno me presta su novia para humillarla?», «Comunícate con el administrador para mostrar a tus amigas, novias o hijas», «Expongo a mi ex por mensaje privado», «¿Alguien puede desnudarlas?», «¿Alguien que le haga sexo oral a mi prima?», «¿Quién tiene el Instagram de esta puta?», «¿Alguien puede hackear su Instagram?», «Vendo bot para espiar su galería», «Tengo sexo con mi hijastra, busco alguien igual», «¿Quién tiene adolescentes?», «Gracias por contribuir, eres un genio». No son casos aislados. Son frases de otro grupo de violencia sexual organizada.
Lo confirma un nuevo informe de AI Forensics. Documenta una red de chats y canales de hombres (otro más) en España e Italia. Casi 2,8 millones de mensajes, solo 16 grupos y canales, más de 24.000 hombres. Compartir, pedir, monetizar y organizar violencia sexual digital contra mujeres y niñas es su objetivo. El abuso es transfronterizo: el 72% del contenido español también apareció en grupos italianos. Ellos, hombres jóvenes. La monetización, tarifas de 20 a 50 euros o suscripciones mensuales de 5 euros. Detrás de estos grupos: normas, roles, jerarquías y una cultura de abuso sexual compartida.
Y esto no va solo de mirar. Es más profundo. Uno, hay una cosificación extrema y una violencia sexual normalizada. Frases directas y explícitas. Las mujeres como material compartible, intercambiable y consumible. Dos, el abuso como un juego colectivo. Hacen propuestas donde venden como ocio y juego hacer montajes con sus imágenes, simulan conversaciones sexuales usando fotos robadas, audios falsos o identidades inventadas. No es solo consumo, se recrean en la violencia. Tres, exposición y humillación. El objetivo no es solo ver, es destruir la identidad de la víctima. La humillación pública es parte del placer. Cuatro, vigilancia y persecución. Hay quienes no buscan contenido, sino acceder a cuentas sin que ellas lo sepan. Por eso siempre decimos que no va de sexo, va de poder, del poder de controlar. Cinco, la normalización del abuso infantil. Buscan contenido de menores, para intercambiar y monetizar.
El informe demuestra que la violencia sexual digital es uno de los mercados más rentables, con pago de acceso a archivos, suscripciones mensuales, bots para desnudar fotos o venta de packs de víctimas. Todo ello, mediante pagos de PayPal, Bizum o criptomonedas. Por supuesto, las redes sociales no crean el contenido. Son esos hombres que usan las redes en su beneficio, pero estas no les cierran el paso. Cada red pasa a tener un uso: TikTok para encontrar a víctimas, Instagram para robar contenido, Reddit para reclutar usuarios, Telegram para almacenar, distribuir y monetizar. Una infraestructura completa. Si una cuenta cierra, da igual. Ellos ya están en contacto y crean otra.
El problema no es que no sepamos que esto existe, es que sigue ocurriendo sin consecuencias reales. Porque mientras estos espacios funcionen con miles de usuarios, dinero de por medio y total impunidad, el mensaje es claro: pueden hacerlo, y nada cambia. n
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