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Castillos (y casas) en el aire

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18.02.2026

Los ingleses usan la expresión «castillos en España» para referirse a la costumbre de imaginar proyectos ilusorios y en general irrealizables. Es lo que aquí llamamos hacer castillos en el aire, que la Real Academia define con prosa antigua como «ilusiones lisonjeras con poco o ningún fundamento».

Más que castillos, en España es costumbre que los gobiernos anuncien la construcción de miles de casas buenas, bonitas y baratas, aunque a veces solo haya aire detrás de tan formidables promesas.

El presidente Sánchez, por poner un ejemplo reciente, ha pregonado estos días la construcción de 15.000 viviendas anuales destinadas a alquiler de tipo social. Cuenta para ello con una hucha de miles de millones prestados o directamente donados por la Unión Europea que sin duda permitirán afrontar el gasto. La idea no puede ser más razonable y hasta luminosa.

No parecen demasiados pisos para la demanda que existe, pero algo es algo. Lo malo del asunto es que los escépticos de siempre están retrucando ya que el jefe del Gobierno anunció proyectos similares en más de una decena de ocasiones desde que ocupa el cargo.

Seguramente exageran estas gentes de poca fe, aunque no es difícil encontrar en los papeles o en internet —que todo lo guarda— varios anuncios muy parecidos en anteriores comparecencias de Sánchez.

A las viviendas ahora prometidas habría que sumar las 100.000 que apalabró en octubre de 2021 dentro de un Plan de Alquiler para «los próximos años». De ellas, un 30 por ciento estarían reservadas a arrendamiento social para jóvenes.

Dos años más tarde, en vísperas de las elecciones generales de 2023, anunció otros 43.000 nuevos pisos de alquiler, naturalmente asequible. Pero no solo eso. Además de financiar pisos públicos el Gobierno iba a «movilizar» otros 50.000 procedentes del banco malo —o Sareb— al que fueron a parar los desechos de la burbuja inmobiliaria.

De esa misma Sareb procedían también las más de 30.000 viviendas que se incorporarían a la oferta de pisos sociales, según aseguró el presidente ya en enero de 2025.

Se ignora cuántas de esas viviendas prometidas pasaron de la fase de castillos en el aire, aunque la imparable subida de los precios sugiere que no debieron de ser muchas. No por ello hay que pensar en que el Gobierno hiciese mal las cuentas. Siempre existen imprevistos, hombre.

Todo esto evoca la anécdota de aquel candidato que en campaña electoral prometió un puente en un pueblo que carecía de río. Cuando el público le hizo notar ese enojoso detalle, el político elevó la apuesta: «Pues si no tenéis río, también os traeré uno». Y casas, las que haga falta.

Igual estas amenidades explican por qué los ingleses llaman hacer castillos en España a lo que aquí conocemos por castillos en el aire. De momento, los pisos vuelan que da gusto.

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