Laura Liñárez, patrona de barco en un mar de hombres, cuenta su experiencia única: "Esto es duro, muy duro, muy duro"
Laura Liñárez, patrona de barco en un mar de hombres, cuenta su experiencia única: "Esto es duro, muy duro, muy duro"
"Empece en la pesca de bajura por matrimonio, antes trabajé en una sala de despiece y en una fábrica de conservas", rememora esta gijonesa de 47 años, única marinera en la comarca oriental, anclada en Llanes por amor
Laura Liñárez, en el puerto de Llanes, junto a su barco, el "Endeño Dos". / Ramón Díaz
En Asturias, donde la tradición pesquera ha sido siempre patrimonio exclusivo de hombres, la estela de la embarcación "Endeño Dos" guarda una historia singular. Laura Liñárez Fernández, de 47 años, no es una tripulante más, sino la única mujer marinera y patrona de barco de la comarca. Y una de las escasísimas pescadoras en Asturias.
Aunque gijonesa, su vida quedó anclada en Llanes hace ocho años, cuando dio un vuelco hacia la mar por amor… literalmente. "Empecé en esto por matrimonio", confiesa con una sonrisa que atenúa la dureza de su relato. Antes de empuñar el timón, trabajó en una sala de despiece y en una fábrica de conservas.
El mar era un horizonte ajeno hasta que su marido, Íñigo Ablanedo, buzo durante muchos años, le planteó un desafío: "¿por qué no sacas el título de patrona? Nunca se sabe". Ese reto la llevó a la Escuela de Navegación Marina de Gijón, donde obtuvo en 2017 el título de patrón costero; o sea, de patrona.
Laura Liñárez y su marido, Íñigo Ablanedo, en el puerto de Llanes. / Ramón Diaz
La transición no fue sencilla. Su primera singladura, faenando al palangre, la recuerda con la mezcla de incertidumbre y determinación de quien se enfrenta a un elemento nuevo, aunque fuera arropada por su marido. "La verdad que ni me mareaba, pero la teoría aprendida en las aulas poco tenía que ver con la realidad a bordo", expone.
"Yo no sabía nada, no tenía ni idea, vamos. Ni de amarrar, ni de desamarrar... En la escuela es verdad que enseñan a hacer nudos, los cálculos de marea… pero no aprendes la realidad de un barco", explica. El aprendizaje real, el de la sal y el sol quemando la piel, las olas azotando el barco y a sus ocupantes, comenzó en la cubierta de un viejo barco de madera, el "Virgen de Guía", que acabó naufragando en julio de 2021 frente a la playa de Barru (Llanes), mientras participaba en la campaña de arranque de ocle. Ella no iba a bordo aquel día.
El esfuerzo es, quizá, la constante más cruda en el día a día de esta patrona, obligada a navegar en un mar de hombres. "Esto es duro, muy duro, muy duro", enfatiza. El trabajo es intensamente físico: lanzar y recoger redes, levantar piedras de lastre que superan los veinte kilos, "despescar" (descargar el pescado) a mano cuando la grúa hidráulica falla. La mar, además, impone sus propias condiciones. "Si hay marejada es muy jodido", afirma Laura, recordando jornadas en las que "entraban las olas por un lado de cubierta y salían por el otro".
El riesgo es un compañero más en la mar. Como aquella vez en la que "casi nos da vuelta la lancha". Al comparar su oficio actual con los anteriores, duros también, no duda ni un segundo: "Mucho más dura la mar; vamos, ni comparación". Pero si la dureza del oficio es un muro, el trato dentro de un entorno profundamente masculino supone un obstáculo adicional. Laura Liñárez señala un problema reiterado con los tripulantes senegaleses, "casi los únicos que ahora quieren trabajar en esto". "Mal, muy mal. En su religión y en su país las mujeres no valen nada, y piensan que aquí es lo mismo", relata.
Esta percepción choca frontalmente con su autoridad. Ella es la segunda de a bordo, tras su marido, es "la segunda patrona", y copropietaria del barco. No ordena nada raro, pero los senegaleses no aceptan recibir órdenes de una mujer. Esta fricción ha derivado en conflictos e incluso amenazas. "Y tienes que callarte, porque si se marchan nos dejan tirados", lamenta. Para ella, el problema es claro: "Son muy machistas".
"Trabajamos para malvivir"
A la pregunta de si se ve trabajando en la mar hasta la jubilación, responde con un triple "no". "Que va, imposible. Pero creo que ni yo ni nadie", sentencia. La escasez de mano de obra es dramática en un sector que depende en gran medida de trabajadores eventuales y a menudo poco formados. Muchos barcos permanecen amarrados por falta de personal, y las nuevas generaciones, incluso las formadas en náutica, no suelen aguantar. "Los primeros días los ves mareados, tirados... Incluso hubo uno que salió a la mar un día y al siguiente dijo que aquello no era lo suyo, que no trabajaba más", dice.
A esta crisis humana se suman, a su juicio, exigencias administrativas crecientes y a menudo "desconectadas de la realidad" de la pesca de bajura, como la pretendida obligación de pesar todo el pescado en alta mar o avisar seis horas antes de entrar a puerto. "Entre unas cosas y otras acaban con todo. Trabajamos para malvivir", afirma. "Y la administración ayuda lo justo. Poco", añade. Mientras tanto, las inversiones obligatorias en seguridad y mantenimiento resultan onerosas para embarcaciones pequeñas, que en buena parte de los casos, ademas, carecen de las mínimas comodidades, como un baño o un lugar para sentarse.
Universo hipermasculinizado
Pese a todo, alberga una convicción: la mujer puede desarrollar muy bien ese trabajo. Su marido respalda la aseveración: "Son más curiosas, mejores que nosotros en muchas cosas". Pero el consejo de esta marinera a una joven que pretenda embarcarse es ambivalente. "Si va sola en el barco o con otras mujeres, sí. Pero solo con hombres... no". En ese universo hipermasculinizado, lo ve "casi imposible".
La historia de Laura Liñárez es, en fin, la de un amor que la llevó a desafiar viejos estereotipos y a enfrentarse a un oficio implacable. Es también el reflejo de un sector, el de la pesca artesanal de bajura, que navega contra la marejada de la despoblación, el envejecimiento y una burocracia que, desde su perspectiva, ahoga más que ayuda.
Noticias relacionadas
La pregunta final es: ¿quién tomará el revelo de personas como esta mujer y su marido cuando, por el peso de la edad, tengan que colgar los guantes de pesca? La respuesta flota en el aire. O, mejor dicho, en este caso, en el mar.
Suscríbete para seguir leyendo
Los padres de Mael, el niño gijonés de 3 años al que tuvieron que amputarle manos y piernas, crean una asociación para ayudar a los demás: 'Es nuestra forma de decir gracias al mundo
Nacen diez pastores del osu en un parto clave para salvar la única raza de perro asturiana: 'Son increíbles
Atención conductores, la Guardia Civil vigila el número mínimo de ocupantes: multado con 200 euros por no respetar la nueva señal de tráfico azul con rombo blanco
ArcelorMittal aprovecha el 'boom' de la Defensa: los nuevos buques de la Armada Española se fabricarán con acero asturiano
Aarón Martínez, el adolescente castrillonense que hace arte con un boli Bic, estrena exposición en Avilés
En el concejo de Asturias con menos mujeres: 'En mi pueblo viven mi marido y tres solteros
La Primera Flor pone a bailar a moscones y visitantes con dos grandes verbenas y las orquestas Pasito Show y Tekila
El gran mercado (con decenas de puestos) que vuelve al corazón de Oviedo este fin de semana tras el éxito de 2025
Diego Menéndez, de sufrir un esguince grave a ser clave de la plata asturiana en el Nacional de trail: "Salí a por todas"
Las “mil caras” de la enfermedad celiaca se mostrarán en las Jornadas Cangas Sin Gluten
Las claves del asesinato de Noelia González en Avilés: una discusión, un golpe y diez puñaladas antes de una huida que solo duró unas horas
Mieres renueva cuatro parques infantiles con una inversión de 240.000 euros: estas son las zonas beneficiadas
Como la rana y el escorpión
Gamberrismo nocturno en Cangas de Onís: tiran una papelera al río Güeña
El Mirador de los Canónigos, en los aledaños de Covadonga, de capa caída
Allande lanza un mapa astronómico con los mejores lugares para ver estrellas y el eclipse de agosto
