José Ángel Martín, el castrillonense con Parkinson que encontró en el tenis de mesa su salvación: "Soy un tío feliz, que lucha, voy a vivir hasta los 90 años"
José Ángel Martín, el castrillonense con Parkinson que encontró en el tenis de mesa su salvación: "Soy un tío feliz, que lucha, voy a vivir hasta los 90 años"
"La vida no se acaba con una enfermedad. Empieza otra, más lenta, más consciente, más pegada a lo esencial", cuenta este vecino de Piedras Blancas, de 64 años
Operario en la fábrica de Arnao, Martín entrena tres días a la semana y hasta compite: "Para llegar hasta aquí tuve que reeducarme, concienciarme de que tengo que hacer cosas, repetirlas… Por eso el pin pon ha sido tan importante para mí"
Martín, con su uniforme de tenis de mesa, en Piedras Blancas. / Miki López
Hay enfermedades que llegan sin llamar, que no piden permiso y que, en cuestión de segundos, colocan la vida boca abajo. A José Ángel Martín Beréndez, aunque casi nadie lo llame así, el Parkinson le entró una madrugada, a las tres y media, entre el ruido habitual de una fábrica y el “apagón” repentino de un cuerpo que dejó de obedecer.
La pierna, dice, se le quedó pegada al suelo. Como si alguien hubiera detenido el tiempo justo ahí, en ese instante absurdo en el que uno quiere avanzar y no puede. Diez minutos. “Diez minutos de desconcierto que fueron, sin saberlo, el principio de todo”, relata.
Hasta entonces, Martín, natural de Piedras Blancas, era jefe de turno en la fábrica, en Arnao. Un hombre de trabajo, de rutinas largas, de madrugadas y responsabilidad. No hacía deporte. No tenía tiempo para pensar en esas cosas. Como tantos otros, vivía hacia adelante sin detenerse demasiado en lo pequeño: “Me dedicaba a trabajar y ya”.
El diagnóstico no tardó en llegar. De eso hace cuatro años. Una neuróloga que presenta como “divina” lo supo nada más verle entrar por la puerta de la consulta. “Tiene Parkinson”, le certificó la especialista. A él. Por la forma de moverse, por algo invisible que ya estaba ahí. Entonces llegó el golpe. “Se me acabó la vida”, pensó: “Es una enfermedad que no mueres de ella pero sí con ella”. Porque el Parkinson no mata de inmediato, pero se instala. Acompaña. Obliga a convivir con una certeza incómoda: no se va a........
