Manuel Corripio, vicepresidente de un grupo empresarial con 14.000 empleados: “Nosotros tenemos orgullo de venir de la pobreza, es un recordatorio: así se valora y se agradece lo que tienes”

Manuel Corripio, vicepresidente de un grupo empresarial con 14.000 empleados: “Nosotros tenemos orgullo de venir de la pobreza, es un recordatorio: así se valora y se agradece lo que tienes”

El vicepresidente del Grupo Corripio de República Dominicana, fundado por su padre, el emigrante villaviciosino Pepín Corripio, de 92 años, considera que las claves de su cultura familiar y empresarial son "el trabajo y el compromiso" para generar "más valor y más empleo" en el país que los acoge

Manuel Corripio en la casa familiar de Villaviciosa.

Manuel Corripio Alonso es vicepresidente ejecutivo del Grupo Corripio, el conglomerado empresarial con 14.000 empleados creado en la República Dominicana por José Luis “Pepín” Corripio. Es el primogénito de este emigrante villaviciosino de Arroes nacido en 1934, que recibió el viernes en Gijón el premio “Álvarez-Margaride” a la trayectoria empresarial. Manuel Corripio recogió y agradeció el galardón en nombre de su padre. Como él, se muestra tan interesado en los negocios como en las humanidades. Un detalle: le preocupa, casi parece que le hiere, la falta de corrección ortográfica total que encuentra en muchos mensajes escritos en las redes sociales. Dicen que es un lector aplicado.

-¿Qué significa ser un Corripio? ¿Es decir, qué cultura familiar-empresarial comparten ustedes?

-Cada familia tiene sus particularidades. Nuestro signo más distintivo, diría yo, y es el de muchas familias asturianas y no asturianas que están en República Dominicana, es el trabajo y el compromiso. El trabajo como una forma de generar valor. Y un compromiso familiar, personal y de país. Entender que ya hay aspectos más grandes que tú mismo a los que te debes. La empresa tiene el principio de generar valor. No lo vemos solamente como valor económico, de rentabilidad y dinero. Generamos valor y sabemos que así podemos seguir invirtiendo de forma indefinida. Ese ha sido el modo operativo de la familia desde que se fundó. La familia ha priorizado siempre la inversión sobre el dividendo, el dejar dinero dentro de la empresa para que las empresas sigan creciendo. Con ese proceso de inversión generamos más empleo cada vez de más calidad, invertimos en el desarrollo de las personas. Y, por extraño que esto suene, creemos que somos capaces de contribuir más a la nación con más pago de impuestos. Somos de los que creemos que el Estado hace mejor, de forma colectiva, lo que las empresas pueden hacer de forma privada. Las empresas privadas no pueden gestionar la educación, la salud, la seguridad, la justicia… Eso, quien lo hace bien, es el Gobierno. Va en el mejor interés de los Gobiernos que el empresario genere valor y que contribuya con la proporción que le corresponde con los impuestos.

-Habla también de su compromiso con la República Dominicana.

-Sí. Ese proceso de inversión pudiera verse de distintas maneras, pero nosotros decidimos que sea en República Dominicana. Por múltiples motivos. Primero, ahí vivimos. En segundo lugar, el desarrollo de la República Dominicana nos ha permitido desarrollar rentas sobre lo invertido, así que es razonable que invirtamos ahí. República Dominicana es un país estupendo. Es el valor importante que nosotros tenemos: que lo generado se ha invertido en República Dominicana. Este año cumplimos 90 años ya de empresa ininterrumpida en la República Dominicana.

-¿Cómo ha marcado a la familia la aventura migratoria de sus antepasados?

-El tío Ramón se va de 17 años a República Dominicana y se lleva a mi abuelo Manuel con 13 años. Por lo tanto, la disposición a inmigrar te dice que hay algo en ese carácter dispuesto a asumir riesgos. Le cuento rápidamente la historia. En 1921 trabajan como empleados. El tío Ramón, que era el líder entonces, pone el negocio y se lleva a mi abuelo. En 1929, viven la crisis de la depresión mundial y en 1930 viene un ciclón, San Zenón, que destruye completamente la ciudad. La familia perdió su negocio y regresa a España, pone su negocio en España. Mi abuelo se casa en 1932. En 1934 nace hace papá. Luego estalla la Guerra Civil y regresan a Santo Domingo. Entonces dese cuenta que ahí hay un hombre muy joven, una personalidad muy particular, que a los 13 años sale de España, primer riesgo asumido, y luego quiebra. Pero eso no lo desestimula para nada. Regresa a España y empieza otra vez. En la Guerra Civil pierde el pequeño negocio que estaba poniendo. Y otra vez vuelve a Dominicana. Emigra, fracasa, vuelve a España, vuelve a emigar a República Dominicana, triunfa. En esa personalidad del emigrante, en ese joven, había una forma particular de ver la vida y una determinación.

-¿Y a ustedes qué les toca de esa historia?

-Nosotros somos herederos de esos rasgos. Pero no como obligación. Porque todos nosotros tenemos el derecho de continuar en la empresa, pero no el deber. Mi papá no tuvo esa opción, tenía la obligación, era hijo único. Nosotros lo hicimos por opción y a la generación siguiente le decimos que tienen el........

© La Nueva España