Vendedores de humo

En la actualidad, se ha observado una creciente proliferación de individuos que, amparados en el auge de las redes sociales y en la insuficiente regulación de sus contenidos, se presentan como expertos en salud sin contar con el debido rigor científico. Entre ellos se encuentran tanto profesionales que incurren en prácticas cuestionables como charlatanes que, bajo una apariencia de autoridad, difunden teorías infundadas sobre lo que supuestamente resulta beneficioso para el organismo. No obstante, su verdadero propósito suele ser la comercialización de productos y la obtención de ingresos mediante la monetización de plataformas digitales.

Estos actores elaboran y difunden postulados carentes de sustento científico, presentándolos como verdades incuestionables. Abarcan un amplio espectro que incluye desde la promoción de utensilios domésticos hasta la comercialización de suplementos vitamínicos, supuestas sustancias con propiedades curativas extraordinarias, incluso frente a enfermedades graves como el cáncer.

El problema se agrava cuando se combinan afirmaciones parcialmente veraces con información errónea, lo que dificulta al consumidor distinguir entre evidencia comprobada y ficción. En muchos casos, se construyen narrativas de curación carentes de fundamento, sustentadas únicamente en testimonios o percepciones subjetivas.

Asimismo, se desacreditan alimentos que han formado parte de la dieta humana durante siglos, con el objetivo de promover nuevos patrones de consumo o posicionar productos específicos, atribuyéndoles propiedades que no han sido demostradas. Un ejemplo ilustrativo es la denominada sal del Himalaya, que consiste, en aproximadamente un 99 %, en cloruro de sodio, con trazas de minerales responsables de su coloración, pero sin aportar beneficios nutricionales significativamente distintos a los de la sal común.

Los gobiernos deberían dar a conocer que la  base de la salud radica en la valoración de los alimentos locales, la preservación de la tradición culinaria y el consumo de productos naturales, por encima de la incorporación de sustancias de origen industrial.

Finalmente, ante la dificultad de discernir información veraz en un entorno saturado de contenidos engañosos, se hace necesario que las autoridades sanitarias y los organismos competentes establezcan directrices claras y fundamentadas en evidencia científica. Dichas acciones permitirían contrarrestar la influencia de prácticas engañosas, cuyo fin último es el beneficio económico personal.


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