Neiva podría abrir una segunda temporada musical |
Neiva ya sabe lo que significa que la cultura le mueva la economía. Cada año, las fiestas de San Juan y San Pedro convierten a la ciudad en un gran punto de encuentro regional, con hoteles llenos, comercio activo, agenda pública encendida y una identidad cultural que convoca a propios y visitantes. En el balance de 2025, la Gobernación del Huila reportó que, entre el 26 y el 30 de junio, la ocupación hotelera en Neiva llegó al 96%, y que durante todo el periodo del 13 al 30 de junio fue del 78%. También señaló que en el Huila circularon cerca de 666.966 pasajeros por carretera y que al aeropuerto ingresaron cerca de 9.446 visitantes. Es decir, la ciudad ya tiene una prueba clara de que la música, la fiesta y la tradición sí producen turismo.
Pero justamente porque Neiva ya tiene esa experiencia, vale la pena hacerse una pregunta nueva: ¿por qué no pensar en una segunda temporada de turismo musical, distinto a la del sanjuanero, con un festival de música actual, global, pensado para otro público y para otra época del año? No para reemplazar el San Pedro, sino para complementarlo. No para competir con la tradición, sino para ampliar la conversación de ciudad. Esa podría ser una de las apuestas más inteligentes para el futuro turístico de Neiva.
La lógica ya está probada en otras ciudades. Bogotá acaba de volver a demostrarlo con el Festival Estéreo Picnic. El Distrito proyectó para 2026 más de 170.000 asistentes y un impacto económico cercano a $194 mil millones. Tras el cierre, el IDRD reportó un movimiento cercano a $290 mil millones alrededor del festival, con 120.000 asistentes locales, 30.000 turistas nacionales y 20.000 internacionales. Reportes posteriores del sector musical también hablaron de más de 140.000 asistentes, de más de 12.000 personas trabajando cada día para hacer posible el evento, 670 periodistas acreditados y más de $4.500 millones en contribuciones parafiscales para las artes escénicas. Más allá de las diferencias metodológicas entre balances previos y posteriores, la conclusión es contundente: un festival grande no solo vende boletas; activa una economía completa.
Ahí está, justamente, la oportunidad para Neiva. La ciudad ya tiene nombre, conectividad regional, tradición de hospitalidad y una relación histórica con el turismo cultural. Lo que podría explorar ahora es un formato adicional: un festival de música contemporánea con artistas internacionales y latinoamericanos, realizado en un mes distinto a junio, capaz de atraer nuevos visitantes y de romper la dependencia de una sola gran temporada anual. Eso ayudaría a repartir mejor el flujo turístico, a darles más aire a hoteles, restaurantes, transporte, comercio y empleo cultural en otra parte del calendario. La gran virtud de un evento así sería esa: no concentrar toda la expectativa en una sola fecha del año.
Además, un festival de música global podría abrirle a Neiva otra narrativa. Hoy la ciudad está muy bien posicionada desde la tradición, el bambuco y el Sanjuanero. Pero también podría empezar a construir una identidad complementaria: la de una ciudad intermedia capaz de recibir espectáculos contemporáneos, con una mezcla de artistas internacionales, nombres colombianos fuertes y una experiencia turística ligada a gastronomía, clima, río, paisaje y cercanía. Esa combinación no sería menor. En el turismo de hoy, la gente ya no viaja solo por un destino: viaja por experiencias. Y la música es una de las más poderosas.
La idea, entonces, no es abandonar lo que Neiva es, sino multiplicarlo. Si San Pedro confirma que la ciudad sabe convertir cultura en turismo, un nuevo festival podría demostrar que también sabe convertir actualidad musical en desarrollo. A veces las ciudades crecen no cuando renuncian a su esencia, sino cuando se atreven a sumarle una nueva temporada. Neiva podría estar lista para eso.