Miauuu, el rugido del jaguar 

Hay momentos en la política en los que el volumen baja no por sensatez, sino por susto. Eso fue exactamente lo que vimos esta semana: al presidente Gustavo Petro le tocó bajarle al tono, guardar los adjetivos incendiarios y cambiar la pose retadora frente a Estados Unidos por una mucho más diplomática. No fue una revelación súbita de prudencia ni un giro ideológico; fue miedo. Miedo a que el espejo venezolano dejara de ser advertencia y se convirtiera en el destino del ‘Petroceso’.

Después de meses de discursos fanfarrones, de insinuaciones desafiantes y de frases diseñadas más para la plaza pública que para la política exterior, Petro pasó del grito al susurro. Agradeció una llamada, celebró........

© La Nación