La paradoja de dejarse llamar “mis bodegueros uribestias”

La reciente difusión de un video que revelaría la organización sistemática de ataques digitales desde estructuras propagandistas del uribismo no es un hecho aislado, sino una actitud sistemática de distintas facciones políticas en las redes sociales: es la exposición descarnada de un modelo de comunicación política basado en la manipulación, la repetición y la intimidación simbólica. Lo que estalló no fue un escándalo coyuntural, sino la confirmación visual de una práctica largamente denunciada y siempre negada. Es la misma asesora del expresidente, columnista de Semana y candidata del Centro Democrático, la que convoca a sus bodegueros para desprestigiar a quien se atrevió a confrontar a la candidata presidencial del Centro Democrático. Apareció transparente, lo que siempre trata de ocultarse. Claridad en la calle, oscuridad en la casa. A la izquierda también se le ha confrontado y reprochado sobre la utilización de muchos creadores de contenido que pudieron enfrentarse a los oligopolios de la comunicación reinantes en Colombia.

Más que simples “usuarios entusiastas”, estas estructuras —conocidas popularmente como bodegas— que quedaron al desnudo, operan bajo lógicas propias de la propaganda moderna: mensajes simplificados, consignas emocionales, construcción del enemigo interno........

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