Gobernar es administrar |
El subtítulo de esta entrega podría ser: ¡es la gestión pública, idiota! y lo digo porque noto con preocupación que el país (político y nacional) está algo confundido, de cara a la primera vuelta, por el torbellino de las pasiones.
Hace dos semanas expuse que Colombia tiene tres opciones electorales que podrían, según la jerga de uso corriente, agruparse en la izquierda, centro izquierda y derecha. Cepeda-Quilcué son los mejores representantes del radicalismo caníbal, Valencia terminó por acomodarse en un ángulo más liberal gracias a su alianza con Oviedo (izquierda vegana) y de la Espriella-Restrepo son abiertamente una apuesta conservadora.
Así las cosas, los provenientes de las filas comunistas tienen el “barril de los puercos”, 25 senadores recientemente elegidos y unos ignaros electores. Son, en gran parte, los promotores del odio, la violencia, el terror subversivo y la continuidad de la Administración por Sobresaltos.
La nueva izquierda vegana o a lo que quiera parecerse la plancha Valencia-Oviedo ha aglutinado, en una suerte de canapé republicano, al galanismo, al serpismo, al santismo, al gavirismo, al duquismo y al uribismo, es decir, una amalgama de “ismos” que están listos para que les den su palomita en el Ejecutivo so pretexto de “servirle al país”. En la cámara alta, Centro Democrático tiene 17 senadores como punto de lanza para futuras y posibles coaliciones.
Los godos dicen que son outsiders y que su alianza no es con los de siempre, y de última hora, sino con el pueblo. Como llaneros solitarios solo cuentan con Salvación Nacional, pero, a la hora del presupuesto, saben que allá llegarán todas las hierbas políticas, incluyendo los liberales de todos los matices; y, por supuesto, los de la casa del barrio La Soledad (Bogotá) que dizque son “conservadores”.
Ese es el menú que tienen los colombianos para ir a primera vuelta. El problema de la “carta”, que en teoría es para todos los gustos y satisface a todos los paladares, tiene un pequeño problema que no me cansaré en repetirlo: ni Cepeda, ni Valencia ni de la Espriella tienen experiencia en las faenas de la administración pública.
Jamás han tenido que sortear problemáticas públicas con escaso radio de acción presupuestal, tampoco han gestionado una crisis de gobierno, nunca se han batido simultáneamente entre las urgencias administrativas y las componendas políticas, no han tomado (a lo largo de sus carreras) decisiones de gestión pública mientras el reloj “voltea” y los tres carecen de bagaje internacional. No hablo de los paseítos de Petro o Francia Márquez con el dinero de los colombianos, me refiero a una visión geopolítica de la realidad nacional.
Dicen que Cepeda y Valencia tienen experiencia. Y sí, como legisladores, pero, no como gerentes públicos. No conocemos de sus habilidades para liderar la gestión de la agenda nacional. De la Espriella obviamente no es la excepción; sin embargo, saber que tiene a Restrepo Abondano, como segundo de abordo, es una cláusula de garantía total. Restrepo es el republicanismo hecho hombre y funcionario de gabinete cuya racionalidad y pragmatismo están a toda prueba.
Oviedo anda en su “Tour Periodicazo” como si de un artista se tratara, y si bien tiene ese perfil técnico no es un auténtico líder de lo público como si lo es Restrepo. De Quilcué no hay nada que decir, excepto, que lo haría mejor que Cepeda (tal como Francia lo haría mejor que Petro) y sin necesidad de tanto libreto y atavismo insurgente.
Al parecer, pocos entienden que el problema político durante los últimos cuatro años es que el país ha sido “administrado” por sobresaltos (insurgencia administrativa) y que para generar confianza (en los mercados), estabilidad (institucional) y credibilidad (internacional) se requiere urgentemente de un líder que llegue a hacer lo que Petro jamás pudo, ni supo, hacer: gobernar.