Cepeda es el indicado

Aunque algunas personas en Colombia puedan dudarlo, Cepeda es el indicado para terminar de arruinar el país.

Él mismo lo ha dicho, subrayando que es el único que puede “profundizar la obra de Petro”. Lo cual significa, sin dilación alguna, la ruina absoluta del país, tanto en términos económicos, como políticos.

Sin lugar a dudas, el triunfo de Cepeda en las elecciones presidenciales significaría la toma del poder por parte de la revolución, lo que marcaría un hito histórico, pues no todos los días se pierde la democracia.

Y es que Iván Cepeda es el hijo legítimo de la revolución. Criado en el seno de una familia de la elite comunista del país. Militó desde la adolescencia en el partido Comunista, según dijo en una entrevista con Daniel Coronell. Su formación profesional la realizó en Bulgaria en tiempos en que la égida soviética estaba vigente en Europa del Este. Su historia personal le ha suministrado un odio profundo que no esconde en ninguna de sus intervenciones con todo lo que resulte contrario. Un sector importante del país advierte en Cepeda una antipatía sospechosa por la Fuerza Pública. Según lo reveló Claudia Gurissati, directora de La Noche (RCN), los computadores de Raúl Reyes revelaban al ‘compañero Iván’ como un leal soporte de las FARC. Incluso, en el proceso de paz en el que se le garantizó total impunidad a este grupo terrorista, Cepeda no dejó de mostrar su lealtad con la cúpula.

Algunos dirán que es sumamente inteligente y que está preparadísimo para asumir la presidencia. Sin embargo, tendríamos que preguntarnos cuál es su área de especialidad. Pues, pareciera que no es la economía ya que para eso nombró a la señora Quilqué como fórmula presidencial, en clara sintonía con lo que la campaña de De la Espriella hiciese primero. Después, haría lo propio Paloma.

Ahora bien, al margen de que la señora Quilqué sea el soporte en materia económica del posible gobierno de Cepeda, lo importante es que el objetivo es fácilmente previsible en el gobierno de un hijo de la revolución: destrucción del sistema de propiedad privada y eliminación de las garantías democráticas. Para ello, argumentos de justicia social serán los más utilizados para definir la ruta de acción contra los pilares básicos de la democracia colombiana.

El objetivo, será la implementación de una revolución que dure varias décadas, como lo confesó Iván Cepeda en la campaña que llevaría a Petro a la presidencia. Eso implicaría, tal como nos lo ha mostrado la historia en otros países, la eliminación de cualquier connato de libertad. Pues, está muy mal visto que en el gobierno de la revolución exista algún atisbo de libertad. Mucho menos, habrá lugar para la oposición. De hecho, es fácilmente previsible que la justicia sea instrumentalizada para perseguir cualquier reducto de antirrevolucionario.

Así las cosas, la decisión que los colombianos tomaremos el 31 de mayo en las urnas es vital, pues decidiremos realmente nuestro destino. Estas elecciones a la presidencia son vitales ya que se decide electoralmente si elegir la continuidad del proyecto que planea arruinar el país u optar por una opción que proteja la institucionalidad, la democracia y la economía de mercado.


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