“…Y las corvinas, sobre las olas, nadarán fritas con su limón”
“…Y las corvinas, sobre las olas, nadarán fritas con su limón”
La irresponsabilidad del manejo macroeconómico es peligrosa. Exoneraciones mercantilistas, aumentos desatendiendo méritos y bonos por doquier agudizan arbitrariedades, desequilibrando las cuentas. ¿Y el balance presupuestal?
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
La estrofa del título, del vals criollo “Parlamanías”, caracterizó la mayoría de promesas en los recientes debates presidenciales. El populismo es un modo camaleónico de hacer política. Se disfraza para hacernos caer en sus garras. A veces viene asemejándose a justicieros sociales, otras se encubren bajo el manto de la mano dura y en la generalidad de las ocasiones, simula conseguir resultados inmediatos a problemas complejos y de largo aliento. Hay demagogia en todo el espectro: desde desaforados nacionalistas hasta intolerantes identitarios. ¿Distinguiremos su renovado ropaje?
Encontraremos quienes plantean saltarse las regulaciones, los acuerdos internacionales o cambiar la constitución política en aras de alcanzar soluciones expeditivas a cualquier obstáculo. Pretenderán que la “voz del pueblo” sea escuchada sin intermediarios. Apelarán a la democracia directa buscando que les otorguemos poderes omnímodos. ¿Referéndums permanentes?
Igualmente, aduciendo que lograrán reivindicarnos por los derechos que “nos quitaron”, ofrecerán devolverlos, castigando a los poderosos, omitiendo decir cómo. ¿Crearán nuevos privilegiados?
Lucharán contra la corrupción o la delincuencia vía medidas de urgencia, aun incumpliendo normas. ¿Penas de muerte para cuanta circunstancia ocurra? ¿Qué sucederá cuando condenen a inocentes? Iniciadas las vulneraciones, ¿volveremos a la legalidad y recuperaremos la democracia? Atacan y descalifican leyes caricaturizándolas; alegan, con desfachatez, que derogándolas desaparecerá la criminalidad.
La irresponsabilidad del manejo macroeconómico es peligrosa. Exoneraciones mercantilistas, aumentos desatendiendo méritos y bonos por doquier agudizan arbitrariedades, desequilibrando las cuentas. ¿Y el balance presupuestal? ¿Corregirán déficits espoliando al ciudadano?
Prodigar la participación del Estado en la economía a fin de “domesticar” la competencia o protegernos del “malvado” mercado, solo trae caos y quiebra del financiamiento familiar. Subvencionar industrias, en lugar de que la rentabilidad asigne recursos, engendrará negocios dependientes de dádivas públicas.
Que la actividad gubernamental crezca alejada de límites producirá un monstruo insaciable de capitales y colmado de ineficiencias. Aquello que las disposiciones no lleguen a impedir, los preceptos de la aritmética lo harán. ¿Confiaremos en que lo que hoy a duras penas puede hacer el gobierno, mejorará multiplicándose?
Controlar precios, tasas de interés, alquileres y cuanto valor exista únicamente generará inflación, además de mercados negros que saldrán onerosos a cada uno. La desconfianza campeará. ¡Redistribuiremos miseria!
Dudemos de juramentos de reducir los sueldos de funcionarios, ¿captarán así a los mejores? ¿Desalentará a los que persiguen “agenciarse” fondos de manera subrepticia? Observemos a los que estigmatizan etiquetando; acusar sin propuestas ni pruebas es también sospechoso.
Los demagogos carecen de bandera, son egocéntricos y autócratas. Alertémonos que seguro manipularán astutamente los temores, desencantos o enfados hacia el sistema que padecemos. ¿Cuidaremos nuestro voto o, cantándonos otro valsecito, los populistas volverán a atraparnos?
Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
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