¿Políticas públicas mágicas? |
¿Políticas públicas mágicas?
¿Tenemos que llenarnos de burócratas carentes de méritos? ¿Sirven procesos óptimos pero irrelevantes?, ¿es acaso imprescindible siempre echar a andar nacientes organizaciones?
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
Con frecuencia escuchamos a dirigentes, funcionarios o analistas sugiriendo el diseño de “flamantes” políticas públicas. Intentan de ese modo solucionar algún problema que ven en nuestra sociedad, economía o gobierno. Seguro sus intenciones son buenas y el inconveniente existe, sin embargo, ¿todo precisa ser arreglado con organismos oficiales? y, ¿demanda realmente una intervención?
Cualquiera de estos llamados involucrará acciones e inversiones de entidades ad hoc. Pedirán planes, normas, personal, presupuesto y cantidad de “imperativos” para afianzar el cometido planteado. De dicha manera los estamentos estatales van incrementándose. Por supuesto, no faltarán las consabidas justificaciones: “Cerraremos brechas de…” o “son sectores estratégicos para…”.
Ya hoy el Estado ha crecido de forma desordenada, exagerada y descontrolada. Hay duplicidad y superposición de decisiones, cantidades interminables de trámites a completar, contradicciones respecto a quién será encargado de qué, aparte de costos en tiempo y dinero que aumentan paso a paso. En lugar de alivio, generaron nuevos impases. A diario escuchamos quejas sobre la calidad de los servicios, sin mencionar numerosas obras inconclusas y acusaciones de arreglos bajo la mesa.
Buscando el bien común autoridades invocan a equipos gubernamentales en infinidad de labores. Asignándoseles atribuciones que, quizá, solo deban financiar. Por ejemplo, en ciertas áreas de la salud o educación ¿necesitamos que contraten directamente trabajadores y construyan locales? O bastaría que salden la cuenta, determinen el norte a seguir y comprueben la obtención de lo encomendado. Permitiría que los de mayor competitividad efectúen las tareas.
Varias propuestas resultan innecesarias, son de naturaleza privada y en aquel ámbito se corregirán. Es impracticable que “papá” esté al tanto de cada actividad. Solicitar ayuda o entrometerse a fin de resolver casos individuales es insensato. ¡Perdemos libertades!
¿Tenemos que llenarnos de burócratas carentes de méritos? ¿Sirven procesos óptimos pero irrelevantes?, ¿es acaso imprescindible siempre echar a andar nacientes organizaciones?
Habiendo en el mercado empresas e instituciones calificadas, más rentable social y económicamente sería emplearlas. Supervisar, acompañar y evaluar es menos oneroso que ejecutar por sí mismo. Además, reduciría las oportunidades para prebendas particulares, evitando posibles focos de corrupción.
Requerimos alinear estrategias, consolidar lo existente y orientar este poco acomedido aparato a satisfacer las urgencias de la gente. También, definir cuánto podemos pagar; esa maquinaria marcha gracias a los impuestos que todos aportamos.
La administración eficiente, que realiza con excelencia, y eficaz, que hace lo correcto, exige evitar crearle crecientes funciones. Parece que creemos que es más sencillo añadir sinfín en vez de priorizar. Gestionar con idoneidad reduciría malestar e incertidumbre. Promover confianza se logra cumpliendo lo pregonado, manejando adecuadamente recursos escasos.
¡Nada mágico! Pongámonos alerta a las ofertas en los comicios venideros.
Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
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