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Confinados y sin territorio: el Estado boliviano empuja al pueblo indígena ese ejja de Eyiyoquibo hacia la desaparición

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01.02.2026

Hasta hace tres décadas los ese ejjas no conocían de fronteras, de lucha por territorio ni de aguas contaminadas. Eran inquietos como los ríos sinuosos que bañaban la entonces poco explorada Amazonía. Como expertos navegantes recorrían a placer los ríos Beni, Madre de Dios, Madidi y Heath. Para ellos no había diferencia entre Bolivia y Perú. Los cuerpos de agua y bosques eran su casa grande. Ahora una fracción de ellos, los ese ejjas de Eyiyoquibo, están al borde de la desaparición.

El Estado boliviano, que debe reconocer y garantizar su libre determinación como pueblo indígena de reciente contacto, ha dado señales de que no solo busca confinarlo lejos de los ríos, sino también de enfrentarlo con avasalladores de tierras. De hecho, ha antepuesto los intereses de organizaciones sociales afines con el partido político que gobernó Bolivia las últimas dos décadas al derecho de los ese ejjas a tener un territorio.

Como consecuencia, los ese ejjas de Eyiyoquibo actualmente se enfrentan al hacinamiento severo, la pobreza extrema y la contaminación. El agua que antes les daba vida, los está enfermando debido al mercurio de la minería ilegal.

Confinados y sin territorio: el Estado boliviano empuja al pueblo indígena ese ejja de Eyiyoquibo hacia la desaparición

Eyiyoquibo, el refugio de los últimos ese ejjas libres

El repique de la campana de la escuela saca a los niños de sus hogares y corren presurosos hacia las aulas. Cerdos y gallinas pululan por los patios de las casas. Se ve a mujeres cocinando a leña y a la intemperie. La mayoría de las viviendas no cuentan con el mobiliario básico y sus habitantes duermen en el piso.

La pobreza rampante se percibe desde que uno comienza a recorrer los 100 metros que separan al caserío indígena de la carretera principal San Buenaventura-Ixiamas. El camino es de tierra y carece de mantenimiento. Varias de las 28 casas de ladrillo y cemento que el Estado construyó en 2015, con el Programa de Vivienda Social, están deterioradas.

En un reducto de ocho hectáreas viven 358 habitantes indígenas, entre ellos 140 niños menores de 11 años de edad. Foto: Eddy Yobanny Velasco

Eyiyoquibo es el último refugio de los ese ejjas libres que se resistieron a la sedentarización de sus hermanos en Madre de Dios (Perú), Beni y Pando (Bolivia). En un principio era un terreno de diez hectáreas donado por la ONG estadounidense Misión Nuevas Tribus, pero quedó reducido a ocho tras una crecida del río Beni.

Este reducto está ubicado en la Amazonía Norte de Bolivia, en las orillas del río Beni, a 5 kilómetros del área urbana del municipio San Buenaventura y a 481 kilómetros de la sede del Gobierno de Bolivia, en La Paz.

De todas las carencias que registra, una de las más severas es la falta de espacio para vivir. Las casas construidas por el Estado fueron diseñadas para una familia compuesta por cinco miembros (tres hijos y dos progenitores), sin tomar en cuenta las características culturales de este pueblo indígena. Así lo señala el estudio “Plan de Pueblo Indígena (PPI) de la comunidad de Eyiyoquibo”, financiado por el Banco Mundial.

Jhonny Sosa, Capitán Grande del Pueblo Ese Ejja de Eyiyoquibo, cuenta que en una casa están hacinadas hasta tres familias. Es decir que en un espacio de 15 metros cuadrados viven hasta 15 personas. “Yo vivo así con mi familia, amontonados y sin un espacio para hacer dormir a los bebés”, dice.

Jhonny Sosa es el Capitán Grande del Pueblo Ese Ejja de Eyiyoquibo. Foto: Eddy Yobanny Velasco

Parado en la orilla del río Beni, desde donde se puede ver toda la comunidad, Sosa pasea su mirada sobre las casas construidas alrededor de la única escuela. En ese reducto viven 358 habitantes indígenas, entre ellos 140 niños menores de 11 años, según el Censo de Población y Vivienda de 2024.

La posibilidad de acceder a hojas de palma o madera para construir más viviendas es mínima debido a la falta de acceso a recursos naturales, por lo que a muchas familias no les ha quedado más alternativa que vivir bajo techos de hule o carpas. Tampoco queda espacio para la caza, el aprovechamiento del bosque o cultivar sus alimentos, lamenta Sosa.

Las 28 viviendas que construyó el Estado en Eyiyoquibo son insuficientes. Muchas familias ese ejjas viven en casas precarias e improvisadas. Foto: Miguel Ángel Roca

Ante ese escenario, la pesca se ha convertido en la actividad principal de subsistencia. Sin embargo, las aguas del río Beni, en cuyas cabeceras la minería ilegal es descontrolada, ha empezado a enfermarlos por el uso del mercurio. “Hemos pescado peces con su interior podrido. Estaban vivos, pero sus intestinos estaban totalmente dañados”, cuenta Sosa. Ese es el pescado que consumen.

En 2021, una investigación realizada por el Biodiversity Research Institute (BRI) y la Red Internacional de Eliminación de Contaminantes (IPEN) concluyó que las mujeres ese ejjas de Eyiyoquibo presentaban niveles de mercurio seis veces más altos de lo permitido en el cuerpo humano, según los valores de referencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta situación llevó a la Defensoría del Pueblo de Bolivia a realizar un estudio en 2022 que concluyó que “el Pueblo Indígena Ese Ejja corre el riesgo de extinción física y cultural debido a las evidencias de contaminación por mercurio en su población”.

Pero, ¿cómo terminaron viviendo más de 350 personas en menos de tres decenas de casas, al lado de un río cada vez más contaminado? Wilson Tórrez, excapitán grande, el máximo cargo en la comunidad, suspira. Luego, con la experiencia de quien ya ha contado la misma historia varias veces, dice con voz queda: “Nuestros antepasados eran........

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