Ricardo Palma dio en el clavo
1853. Más de tres décadas después de proclamada la independencia y casi otras tres antes del desastre que hundió al país en la guerra con Chile. En ese momento escribe Ricardo Palma, un singular testigo de la realidad que escribe a partir de hechos o datos circunstanciales que estima relevantes. No es el tradicionista que algunos leímos en la escuela, en textos descafeinados, escogidos por su carácter anecdótico e intrascendente —o incluso mutilados para hacerlos inocuos—. Palma fue un agudo observador de una realidad a la que supo juzgar de manera discreta pero incisiva.
Ese es el observador que en un texto titulado “El baile de la victoria” anota:
“No con el último disparo de fusil en el campo de Ayacucho desapareció la vida colonial.........
