menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Vuelve el enemigo comunista

32 0
19.07.2026

Con una nota de prensa, el Departamento de Estado de Estados Unidos de América (EE. UU.) informaba el 15 de julio de la celebración al día siguiente de una reunión ministerial “para combatir el resurgimiento del terrorismo político”. Dicha reunión, presidida por el secretario de Estado, Marco Rubio, ha convocado a representantes de más de 60 países, con el propósito de “fomentar una acción conjunta más firme” frente a la “amenaza renovada” que supone, a criterio del Gobierno de EE. UU., “el terrorismo político de extrema izquierda”.

Si no fuera porque vivimos en tiempos de la posverdad, en los que cualquier declaración puede disociarse de la realidad o realizarse sin tener correlato en los hechos, sorprendería leer que existe algo así como un “terrorismo político de extrema izquierda” y que, además, constituya una amenaza a las sociedades del mundo libre. A la dificultad de encontrar ejemplos concretos y contemporáneos de dicha amenaza transnacional se une la ambigüedad de un término, extrema izquierda, cuya definición es objeto de debates y no pocas discrepancias.

Aunque la reunión se había planteado como una alianza de gobiernos afines, países gobernados por fuerzas progresistas, como México o España, fueron invitados a participar, en lo que parece más bien un intento de cuadrar las agendas internacionales bajo los parámetros ideológicos de la actual administración estadounidense. Esto no es nuevo y ya lo vimos en la guerra global contra el terrorismo desatada por George W. Bush tras los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York, un punto de inflexión en la política global de EE. UU. que desplegó un unilateralismo que hoy se profundiza bajo la segunda presidencia de Donald Trump.

Pero el momento geopolítico es otro y el declive hegemónico de EE. UU. se acelera hoy a pasos agigantados. Tras el distanciamiento entre EE. UU. y sus aliados occidentales por las diferencias sobre la OTAN o la crisis con Groenlandia, ahora EE. UU. impulsa una reunión que quiere convencer a los gobiernos del mundo de que comparten una “amenaza transnacional”, un enemigo común conformado por las fuerzas antifascistas, comunistas y marxistas. Convencer o, viendo el proceder anti diplomático de esta administración, sería más preciso afirmar informar.

Del islamismo radical como enemigo público número en la cruzada de Bush hijo, EE. UU. pasa a crear un nuevo enemigo etéreo donde, como en un cajón desastre, toda disidencia será etiquetada como terrorista. La coincidencia del anuncio de esta reunión con la detención en Ibiza del multimillonario estadounidense pro-palestino, Fergie Chambers, a pedido de EE. UU., acusado de “financiación del terrorismo” por apoyar organizaciones de la resistencia palestina, es un claro mensaje de lo que espera a cualquier ciudadano que confronte a EE. UU. y al sionismo. Un destino que será todavía peor para las personas anónimas y sin recursos que se enfrenten al........

© La Marea