Disquero
El otorgamiento del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026 a Patti Smith confirma el predominio, influencia y relevancia de la cultura folk en Occidente.
Es también un hecho muy positivo y luminoso frente a la oscuridad con que algunos buscan teñir al mundo.
Hay que insistir: el vocablo folk no tiene que ver con folclor. Es una expresión que atiende las diferentes aportaciones de poetas, instrumentistas, pintores, escritores, arquitectos, en fin, creadores de toda manifestación artística, a una manera de entender el mundo, contraria a la de la cultura dominante.
La cultura folk abarca las libertades, todas. Apela a la defensa de los derechos de las mujeres, la libertad de expresión, la diversidad, el underground, las culturas emergentes.
Es hermana gemela del movimiento jipi, de la era beatnik, de la contracultura y, entre otras luchas, de los movimientos encabezados por los Panteras Negras, Malcolm X, Martin Luther King, el Che Guevara.
Ha sobrevivido a todo: a las malversaciones, a los malos entendidos, a los intentos del sistema dominante de minimizar esa lucha por las libertades.
Es de esa manera que se le ha querido confundir con las “canciones de protesta” y sobre todo con la música country, si bien es cierto que, por poner dos ejemplos evidentes, Violeta Parra y Woodie Guthrie, representantes de esos géneros, tienen clara identificación con los principios que orientan el folk: con la gente común, los pobres y los oprimidos, resistencia y lucha contra el fascismo y toda explotación humana.
El acta del jurado del Premio Princesa de Asturias lo dice con claridad: se le otorga a Patti porque como escritora comparte “una visión poética de la vida, comprometida con ofrecer un mensaje de esperanza frente a las injusticias con una actitud inconformista y transgresora”.
De esa manera, agrega el........
