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Disquero

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25.04.2026

El nuevo disco de Charles Lloyd es un viento suave y fresco, el fluir de un arroyo calmo, un hada caminando a mitad del bosque. Se titula Figure in Blue y en él vuelan leves las teclas del piano de Jason Moran, la elegantísima guitarra de Marvin Sewell y el discreto encanto del sax tenor del maestro Lloyd, quien a sus 87 años encarna al patriarca, el líder, el descubridor, el Prometeo a quien debemos el milagro del destello, el prodigio del atisbo, el acontecer de cada parpadeo de la música que gracias a él existe, porque este señor de piocha blanca y sonrisa de monje budista ha descubierto a grandes músicos, se ha asociado con los mejores instrumentistas, ha grabado discos prodigiosos pero sobre todo es el responsable de que toda esa música respire, suene, brille sin que él reclame mérito alguno, porque así son los hombres valederos.

Gracias al maestro Charles Lloyd, por ejemplo, el entonces joven pianista desconocido Keith Jarrett, de 21 años, se convirtió en un héroe de la cultura jipi, que estaba en su apogeo en 1966, cuando Jarrett fue incorporado por Lloyd, a propuesta del baterista Jack DeJohnette, al Charles Lloyd Quartet con resultados deslumbrantes en sus giras por Europa y sus grabaciones, como el ya legendario disco Soundtrack, de 1968. Keith Jarrett se convirtió en el héroe musical que todo el mundo celebra.

Fue tal el impacto de Charles Lloyd con Keith Jarrett, Jack DeJohnette y el bajista Cecil McBee, que luego de su concierto en Antibes, los productores Claude Nobs y Rene Langel fundaron al año siguiente una institución que perdura: el Montreux Jazz Festival, donde esos músicos grabaron en vivo Forest Flower, uno de los primeros discos en vender más de un millón de ejemplares.

También gracias al maestro Charles Lloyd, el entonces joven pianista y compositor francés Michel Petrucciani........

© La Jornada