Geopolítica y ambiciones |
Uno tras de otros muchos se han sucedido los tropiezos geopolíticos del señor Trump. La culpa debe recaer en la desmesura de sus ambiciones. Comenzó su mandato confiando –sin pizca alguna de madurez– en la solidez de sus objetivos. Desparramó su mirada de uno a otro confín del mundo, sin recato que valiera meditación precisa y sosegada. Tan pronto como acusaba a Europa de blandengue e incapaz, urgía a esas naciones a incrementar sus inversiones en armamento. Si fuera adquirido, claro está, a sus fabricantes, ¡qué mejor!
Para sorpresa de todos, uno a uno, esos países se fueron subordinando y aceptaron obedecer. Aunque pocos o, mejor dicho, casi ninguno, entró de lleno a tan exigente regla. La consecuencia derivada fue su pensada expulsión del club de mandones (OTAN). En esencia, sólo fue el país del tirano que ordenaba terminar con la guerra de Ucrania a una Rusia que nunca hizo caso a sus urgencias. Y de esta forzada manera siguió lanzando sus consignas y órdenes perentorias, que ahora esperan flotando en el frío aire y suelo de Groenlandia.
Todavía más provocadora fue la broma de hacer de Canadá un estado más de su “América”. Poco se diga del renombramiento del Golfo de México que, sin chistar, ha salido en los mapas con sus........