Mundial, pantallas y estampitas para los pobres |
Nuestra arraigada y sana pasión por el futbol como deporte para la convivencia, competencia, rivalidad deportiva, disciplina mental, ejercicio físico de nuestros cuerpos, encuentro sociocultural barrial y comunitario, de afirmación de nuestras pertenencias territoriales o hacia colectividades identitarias, no debe cegarnos frente a lo que representa la Copa Mundial de Futbol 2026 y que no tiene nada que ver con los valores populares construidos en común.
El Mundial es propiedad privada del corporativo trasnacional llamado Federación Internacional de Futbol Asociación, por sus siglas FIFA, cuyos socios más importantes no son los clubes deportivos, sino unas cuantas empresas multinacionales que se benefician de la producción y distribución masiva de mercancías físicas, tecnológicas, digitales, comunicacionales, de comida chatarra y de servicios turísticos, financieros, inmobiliarios, restauranteros, de apuestas, movilidad, hotelería, de la industria de la construcción y otras que harían esta lista mucho más larga.
En todo caso, estos clubes representan empresas asociadas que tienen un imperativo económico. Los seleccionados no son el resultado de los mejores jugadores de un país a través de encuentros locales, regionales y nacionales donde los deportistas más destacados entre la población, los equipos, las escuelas y universidades, tengan la........