¿La fiesta en paz?
Por enésima vez el mundo comprueba que barbarie y sufrimiento, términos favoritos de los antitaurinos, están en cualquier parte antes que en las plazas de toros, ahora gracias al secuestro protagonizado por el empresario metido a presidente, Donald Trump, convertido por gratuita convicción en el sheriff de la pradera latinoamericana, encargado por voluntad de algunos de imponer la ley del más fuerte y de impartir justicia para beneficio de su pandilla financiera.
El comportamiento de este singular alguacil de la sabana –¡salud, maestros Torrealba y Aldemaro!– preocupado por la democracia, no por el petróleo, ¿eh?, constituye un aviso para aquellos mandatarios que han confundido gustos personales –¿o directrices inconfesables?– con la protección de algunos animales y con un prohibicionismo taurino carente de visión política, social y cultural.
Cuando al entonces presidente venezolano Hugo Chávez se le preguntó por qué razón........
