Del tráfico a la desaparición

Hace ya unos años, asistí a una conferencia de la Caravana de Madres Centroamericana de Migrantes Desaparecidos. Era una jornada de lucha por el terrible mal que nos aqueja, no sólo de la violencia y la muerte, sino de lo que es mucho peor, la desaparición. Pero a pesar de lo terrible de la situación, hay esperanza, es una búsqueda desesperada, pero también esperanzada; de encontrar al hijo que puede estar en la cárcel, en el hospital, en una casa de seguridad o que lo hayan secuestrado, esclavizado. Finalmente, queda la posibilidad de encontrar al cuerpo, que diera fin a la angustia, al duelo interminable. 

Esas madres tenían la esperanza en el rencuentro, confiaban en que algo había sucedido para que se silenciara su voz, se cortara la llamada. Pensaban, que más que muertos, estaban perdidos, que los habían secuestrado y quedaba un rayito de esperanza para encontrarlos. Y, de hecho, en varios casos, los encontraban. 

En ese momento me surgió la pregunta de por qué esos migrantes dejaban de hablar, de comunicarse,........

© La Jornada