Perspectiva geosemiótica para Latinoamérica 2026

No hay que ser adivino para visibilizar la disputa derechaizquierda en la dialéctica “semiótica de la política” que apunta a un escenario que no admite sólo describir hechos o alineamientos internacionales, sino que intenta leerlos como sistemas de signos, discursos, símbolos y prácticas de sentido en disputa. Esa disputa propone que la política no sólo se ejerce con instituciones, elecciones o fuerzas materiales, sino también con lenguajes, imaginarios, narrativas mediáticas y operaciones simbólicas que configuran lo que las sociedades perciben como posible, deseable o inevitable. 

En esa misma lógica de disputa semiótica y política, emerge con fuerza la exigencia social de denunciar y condenar a quienes traicionan los movimientos y las luchas populares, no sólo como un acto moral, sino como una necesidad estratégica para la supervivencia de los proyectos emancipatorios. Desde una semiótica de la política, el silencio o la ambigüedad frente a estas traiciones funciona como un signo de complicidad que erosiona la credibilidad de la izquierda y debilita su capacidad de interpelación social. Por ello, la denuncia pública, argumentada y sostenida en la memoria histórica de las luchas, se convierte en un acto pedagógico que delimita fronteras éticas y políticas, reafirma el sentido de lo colectivo y devuelve a los pueblos la idea de que sus esfuerzos no son intercambiables por cargos, privilegios o pactos con el poder dominante. 

Condenar la traición no implica caer en purismos estériles ni en lógicas inquisitoriales, sino comprender que, sin coherencia entre discurso y práctica, sin lealtad a los mandatos populares........

© La Jornada