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No son Groenlandia ni Canadá los territorios que el presidente Trump quisiera anexar a Estados Unidos. Siempre ha tenido en mente a México, todo o en parte, como lo demuestra su obsesión de enviar tropas para combatir a los narcoterroristas. Sus provocaciones e insultos a la presidenta Sheinbaum contienen una enferma relación amor-odio, en la que igual ha dicho que “es muy buena persona’’, “realmente agradable”, “elegante”, “tiene una voz hermosa”, pero su gobierno “está controlado por narcos y les teme”. Sus funcionarios –incluyendo al secretario de Estado, Marco Rubio, y al embajador Ronald D. Johnson– lo desmienten. Hay una colaboración sin precedente entre ambos países, con resultados medibles que superan todo lo que hicieron otros gobiernos.
Así como humilló a la primera ministra de Japón cuando visitó la Casa Blanca, Sanae Takaichi, ha querido hacer mofa de Claudia a propósito de una supuesta conversación sobre el cambio de nombre del........