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Queda claro que tras la ilegal agresión a Irán, la solución del conflicto en Medio Oriente rebasó todo límite político-militar y ha pasado al ámbito netamente siquiátrico, por lo que Donald Trump no puede permanecer en la Casa Blanca ni ésta sostener al genocida Benjamin Netanyahu. Si existe un interés real para solucionar lo que ocurre (desde hace alrededor de ocho décadas) en esa zona del planeta y a la par lograr un reordenamiento mundial, lo primero que hay que hacer es recluir al magnate naranja en un manicomio y en una cárcel de máxima seguridad a Bibi, su titiritero.
La ostentosa derrota político-militar (no se menciona la ética, porque carece de ella) en su más reciente aventura guerrerista (siempre para apoyar al genocida Netanyahu) ha llevado a Trump a dar patadas de ahogado, porque de su preanunciada “victoria en un par de días” ha pasado a un comportamiento alocado, a la contradicción permanente, al estire y afloje; a decir barbaridad y media, que lejos de promover rutas alternativas de solución sólo retroalimenta el conflicto. Entre lo más reciente, por ejemplo, Trump pasó de: “es posible que alcancemos un acuerdo, porque Irán quiere llegar a........