El CIAgate
Quien piense que la presidencia imperial se instrumenta a partir de los tóxicos y repetitivos mensajes simplistas e infantilizantes del autócrata Donald Trump desde la Oficina Oval y su cuenta en Truth Social, se equivoca. Quienes lo pusieron allí desde el riñón del Estado profundo (deep state) diseñaron un plan estratégico neocolonialista, que más allá de sus ajustes y resultados –y del sesgo paranoico, la teatralidad y las mentiras verificables impulsadas tácticamente por el magnate– se ha venido cumpliendo. En particular, en lo que tiene que ver con América Latina y el Caribe como espacio vital (Lebensraum) del imperio, que abarca a México como un objetivo estratégico.
En momentos de declive de la hegemonía imperial, con China como enemigo principal y la teología de la Seguridad Nacional como sacrosanto fundamento, las líneas maestras del plan de reconfiguración geopolítica fueron diseñadas por la Fundación Heritage en agosto de 2024 (tres meses antes de la segunda elección de Trump), y tras su reingreso a la Casa Blanca en enero siguiente, a sus “dislates” anexionistas sobre Canadá y México, Groenlandia, el golfo de América y el Canal de Panamá, y otras argucias, siguieron acciones concretas para la militarización del combate a las drogas (manida herramienta de la política exterior clandestina de Estados Unidos), con la clasificación del fentanilo como arma de destrucción masiva (sic) y la designación de algunos grupos de la........
