Cuando la salud deja de ser archipiélago: el nacimiento del Servicio Universal de Salud

Durante décadas, organizamos la salud como si el hospital fuera el centro del universo. Todo giraba alrededor de él: los recursos, las decisiones, incluso la imaginación de lo que significa cuidar. Hoy comenzamos a aceptar algo más cercano a Copérnico: el centro no es la institución, es la persona. Y ese desplazamiento, que en apariencia parece simple, obliga a repensarlo todo. Porque un sistema que pone a las instituciones en el centro tiende a fragmentarse; uno que pone a las personas necesita articularse. El nuestro, desde su fundación en 1943, se pareció más a un archipiélago que a un país, con islas de atención separadas por mares de desconexión. 

En ese contexto, la Presidenta de México anunció la creación del Servicio Universal de Salud, que nacerá por decreto presidencial. No como un programa más, sino como una decisión de Estado para reorganizar la manera en que cuidamos la vida. 

Durante años, el sistema funcionó bajo una paradoja silenciosa: buenos médicos, buenos hospitales, incluso más recursos… y, sin embargo, resultados desiguales, discontinuos, a veces injustos. La explicación no está en la falta de capacidad individual, sino en la falta de articulación colectiva. Porque en salud, más no siempre significa mejor. Mejor organizado, sí. No era un problema de esfuerzo, era un problema de diseño. 

Pero integrar el sistema no es una consigna, es una tarea concreta. Supone que los servicios dejen de operar como compartimentos estancos y comiencen a funcionar como partes de un mismo proceso de cuidado continuo. 

En términos simples, el Servicio Universal de Salud busca que cualquier persona, en cualquier........

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