Lula puede perder |
Se abrió un nuevo panorama político, aún más desfavorable. El rechazo del Senado a la nominación de Jorge Messias al Supremo Tribunal Federal (STF) no tiene precedentes desde el siglo XIX, cuando Floriano Peixoto, en 1894, sufrió el rechazo de cinco nominaciones. En más de ciento treinta años, esto nunca había ocurrido. La sorpresa, por lo tanto, no fue solo una derrota parlamentaria, sino también política.
Aún más grave, quizás, fue que al día siguiente una alianza entre el Centrão --el apodo engañoso de la derecha tradicional-- y la ultraderecha en el Congreso Nacional votó por amplia mayoría, e incluso con euforia, para revocar el veto del presidente Lula al proyecto de ley de sentencias, que establecía una reducción de penas para los condenados por la conspiración del golpe de Estado del 8 de enero. Esto representó una victoria para la campaña neofascista por la amnistía, beneficiando principalmente a Jair Bolsonaro, cuya condena de prisión podría reducirse a unos dos años [NdeLH: La Corte Suprema ha establecido ayer que la reducción no se puede aplicar hasta que se revise su constitucionalidad].
Este resultado confirma una evolución negativa en el equilibrio de poder político de los últimos meses. Desde que Bolsonaro nominó a su hijo Flávio como precandidato a la presidencia, presenciamos una ofensiva ininterrumpida de la ultraderecha, que ya se refleja en las encuestas de opinión que sugieren un resultado incierto para la segunda vuelta. ¿Por qué?
Nunca hay que subestimar que el país permanece fragmentado política e ideológicamente. Los enemigos de los trabajadores tienen una poderosa base social. Todavía estamos en una correlación social defensiva de fuerzas desde el punto de vista de los intereses populares. Esto se traduce en la superestructura política en una mayoría reaccionaria en ambas cámaras del Congreso Nacional. Pero las dificultades más estructurales de esta situación no disminuyen la necesidad de una evaluación exhaustiva de lo que sucedió en........