Corrupción, divino tesoro: nunca mejor dicho |
Esto es un sinvivir. Llevábamos semanas en las que las comparecencias ante la Audiencia Nacional se han repetido, día sí, día no, en relación con los sumarios de "la Gurtel" (PP) y el llamado "caso Ávalos" (PSOE), y va y salta el affaire Zapatero: ¡parió la abuela!. Pero echemos por un momento la vista atrás.
La corrupción institucional fue consustancial al franquismo, un régimen absolutista (partido único, sindicato único, iglesia única, idioma único, ...), sin libertad ni control alguno, en el que el Estado lo abarcaba todo y la corrupción, el clientelismo y la mezcla entre intereses públicos y privados llegaba a todos los rincones.
Todo empezaba, además, por el propio Franco. El periodista Javier Otero, que investigó sus cuentas bancarias nada más terminar la guerra, descubrió que en 1940 estas tenían un saldo de más de 34 millones de pesetas, el equivalente a unos 400 millones de euros actuales. Procedían fundamentalmente (también tuvo otras: contrabando, cobro de comisiones...) de la apropiación a manos llenas de los donativos que muchos particulares hicieron para sufragar los gastos de la guerra.
Y de ahí para abajo, veda libre. Ministros, generales, jerarcas sindicales y altos cargos del Movimiento camparon a sus anchas en un marco de impunidad consentido desde las más altas instancias. A sumar a ello la rapiña derivada de aplicar la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939, que permitió entrar a saco y robar legalmente (tierras, casas,........