La claridad de Palestina, las guerras de la región y el nuevo activismo |
Ingeniería inversa forense de la maquinaria de guerra regional
Para la mayoría de los observadores, Oriente Medio se percibe como un caos: guerras inconexas, emergencias perpetuas. Sin embargo, desde Palestina se aprecia un patrón claro: un orden militar y diplomático unificado, anclado en EEUU e Israel, gira en torno a un núcleo sin resolver --el estatus político de Palestina-- mientras alimenta los conflictos en toda la región.
Gaza sirve como modelo principal y campo de pruebas del sistema. A diferencia de la guerra civil en Sudán --conflicto armado interno no internacional (NIAC) entre facciones rivales que compiten por el control del Estado--, Gaza no es un conflicto civil. Se trata de un conflicto armado internacional que tiene su origen en la ocupación y el control efectivo por parte de Israel del territorio bloqueado (tal y como lo confirman la Opinión Consultiva de la CIJ de 2024 y las sentencias posteriores), y que implica hostilidades directas entre el Estado y organizaciones no estatales, concretamente entre las fuerzas israelíes y las organizaciones armadas palestinas.
Esta asimetría estructural y el marco de ocupación hacen de Gaza el campo de pruebas más transparente e intensamente monitoreado del sistema, donde las pruebas directas de armas, el blindaje diplomático casi absoluto y el daño sistemático a civiles exponen la maquinaria con excepcional claridad.
Un único ecosistema integrado de fabricantes de armas, financistas y logísticos sustenta la violencia en Gaza, Yemen y Sudán mediante cadenas de suministro compartidas, una impunidad arraigada y un cálculo que considera prescindibles las vidas de los civiles. Los fracasos diplomáticos --resoluciones vetadas de la ONU, sanciones bloqueadas, flujos de armas ininterrumpidos-- indican a todos los actores que la brutalidad no tiene un precio exigible. En este caso, EEUU y el Reino Unido realizan pruebas de campo de sistemas de armas (a menudo comercializados como "probados en combate" tras el conflicto de Gaza); Washington y Londres despliegan escudos diplomáticos prácticamente sin restricciones ; y las potencias regionales --Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Turquía, Catar-- refuerzan el colapso del derecho internacional.
En respuesta, los activistas centrados en Palestina se han convertido en analistas forenses de esta arquitectura: mapean las cadenas de suministro (por ejemplo, rastrean las fábricas de Elbit Systems en el Reino Unido, cuyas interrupciones contribuyeron al cierre de sitios como Aztec West en septiembre de 2025 después de que aparecieran productos en Gaza), rastrean patrones de veto y extienden este conocimiento a Yemen, Sudán y más allá.
Estas guerras están vinculadas a un sistema regional a través de tres capas de poder entrelazadas .
Capa uno: el eje EEUU-Israel
En el centro de la controversia se encuentra la persistente confrontación entre el eje EEUU-Israel e Irán. Irán apoya a organizaciones armadas que resisten el dominio occidental sin alianzas formales, mientras que EEUU e Israel refuerzan su postura mediante una masiva ayuda militar, cobertura diplomática y alianzas estratégicas. Esta dinámica se manifiesta con mayor claridad en Palestina, pero se extiende al exterior, configurando conflictos en Yemen y Sudán.
Gaza expone la mecánica claramente. EEUU refuerza la libertad militar de Israel y la protege diplomáticamente. Israel ejerce fuerza coercitiva directa sobre los palestinos. Irán, a su vez, arma a organizaciones que desafían el control israelí.
El patrón se intensifica en Yemen, escalando hasta convertirse en una guerra abierta. El gobierno dispara misiles y drones contra buques vinculados a las operaciones de Israel en Gaza, incluidos aquellos que transportan armas, lo que provoca ataques de represalia de EEUU, el Reino Unido e Israel en suelo yemení. Israel realizó repetidos ataques aéreos contra objetivos yemeníes a lo largo de 2025 (atacando puertos, aeropuertos y a las ciudades de Saná y Hodeida), aunque ambas partes suspendieron los intercambios directos tras el alto el fuego de Gaza en octubre.
En Sudán, el eje opera de forma más encubierta, pero con igual peso estratégico. Israel evita los ataques directos, pero considera al país vital para su mapa del Mar Rojo: mantiene redes de inteligencia, busca la 'normalización' pro-occidental (estancada desde los esfuerzos de 2020-2023 ) y monitorea las supuestas rutas de........