China y la resignación trumpista |
La transición hacia un nuevo orden global tuvo su ratificación en la reunión en Beijing. Después de trece meses de gobierno, Trump asumió que su intento de disciplinar a China con guerras arancelarias y asfixias energéticas había sido en vano. Xi Jinping lo recibió con áspera amabilidad y le advirtió que ambos eran responsables de superar la trampa de Tucídides, que describe la relación entre una potencia hegemónica en declive y otra en ascenso.
Es probable que el magnate devenido en presidente no haya comprendido que se hacía referencia al análisis del politólogo estadounidense Graham Allison, quien advirtió sobre la progresiva pérdida de centralidad de Occidente, la imparable emergencia de la República Popular y los peligros que se derivaban de esa realidad.
Según Allison, los riesgos de enfrentamiento bélico se incrementan por el temor que siente una potencia dominante frente a un rival en ascenso. Con esa advertencia, Jinping adelantó dos hipótesis homólogas a las descritas por Tucídides en las Guerras del Peloponeso: la primera es que EEUU está en declive. La segunda remite a que la República Popular tiene la convicción de no retroceder.
Los analistas chinos han estudiado con atención el denominado Acuerdo del Plaza, firmado en 1985, por el cual EEUU, Francia, Alemania y Reino Unido le impusieron a Tokio la revalorización del yen frente al dólar, con el objetivo de quitarle competitividad a la por entonces pujante industria nipona. En aquella oportunidad, Ronald Reagan ordenó devaluar el dólar frente al yen o prepararse para aranceles incrementales. Para la década del 80, Tokio se había constituido en el mayor productor de automóviles a nivel global.
Frente a esa realidad, Reagan impuso restricciones a las........