Monopolios tecnológicos tecno fascistas |
¿Cuál es nuestro tiempo? ¿Cuál es nuestra ética? ¿Qué hacer? "Que la ética sea la estética del futuro"André Bretón.
Un espíritu recorre este trabajo; es la obra de Adolfo Sánchez Vázquez. Ética y humanismo frente al llamado "manifiesto Palantir" exigen desmontar con rigor crítico esa ideología de la clase dominante que pretende naturalizar la convergencia entre capital financiero, complejos de seguridad y tecnologías de vigilancia masiva como horizonte inevitable de la civilización contemporánea.
Tal programa no constituye una mera innovación empresarial ni una expansión neutral de capacidades técnicas; más bien condensa una fase específica del capitalismo informacional en la que el secuestro de datos, la modelización conductual y la administración algorítmica de poblaciones devienen fuerzas productivas anestesiadas con dispositivos de control político, incluso entrtenidos.
Desde una perspectiva humanista y crítica, el problema no se reduce a la privacidad individual; abarca la reconfiguración de la relación entre conocimiento, poder y propiedad en beneficio de una minoría que monopoliza infraestructuras digitales y captura valor a partir de la vida social en su conjunto.
En el Informe MacBride, publicado por la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación bajo la égida de la UNESCO, se advierte con claridad que la concentración de medios y la desigualdad en los flujos informativos generan asimetrías estructurales en la producción de sentido (MacBride, 1980). Necesitamos ese diagnóstico porque implica reconocer que las plataformas de análisis de datos a gran escala operan como aparatos ideológicos y represivos simultáneamente, en términos que recuerdan la doble función señalada por Althusser,aunque intensificada por la capacidad predictiva y prescriptiva de los algoritmos contemporáneos (Althusser, 1970).
Allí donde el informe reclamaba democratización comunicacional, el tecnofascismo propone optimización de control. Palantir, como emblema, sintetiza una racionalidad instrumental que subsume la complejidad social bajo métricas de riesgo, perfiles de amenaza y correlaciones probabilísticas. Tal racionalidad no es neutral: es traducir intereses de clase en parámetros computacionales.
Marx señaló que las relaciones sociales aparecen invertidas como relaciones entre cosas (Marx, 1867/2011). En la economía política de los datos, esa fetichización alcanza un grado extremo: las decisiones políticas se presentan como resultados objetivos de modelos matemáticos, ocultando la selección de variables, la ponderación de factores y los sesgos incorporados durante el diseño. De esta forma, la ideología se codifica en software.
Una crítica humanista no puede limitarse a pura apelación abstracta de los derechos individuales; requiere una praxis que desvele la materialidad de las infraestructuras tecnológicas y su inserción en el modo de producción. Lukács Desarrolló la noción de cosificación para describir cómo la lógica mercantil invade la subjetividad (Lukács, 1923/1971).En la actualidad, esa cosificación se intensifica mediante sistemas que anticipan comportamientos y moldean deseos, produciendo sujetos ajustados a las necesidades de acumulación.
Frente a ello, la ética humanista de nuevo género ha de reivindicar la historicidad de las categorías técnicas y su posibilidad de transformación colectiva. Ya el Informe MacBride insistía en la necesidad de un nuevo orden mundial de la información y la comunicación.basado en la equidad, la participación y el respeto a la diversidad cultural (MacBride, 1980).
Tal horizonte entra en contradicción directa con la lógica de plataformas que centralizan datos en servidores corporativos y subordinados estados a proveedores tecnológicos. Harvey ha mostrado cómo el neoliberalismo impulsa procesos de acumulación por desposesión (Harvey, 2005). La captura de datos personales y colectivos constituye una forma contemporánea de esa desposesión, donde la materia prima es la experiencia humana misma. Y, por ejemplo, el pensamiento de Foucault sobre biopolítica permite comprender la transición hacia formas de Gobierno que gestionan la vida a través de estadísticas y regulaciones (Foucault, 1976/2003).
No obstante, la fase actual introduce un salto cualitativo: los algoritmos no sólo describen poblaciones, intervienen en tiempo real para modular conductas. Tal capacidad, en manos de corporaciones alineadas con intereses geopolíticos, configure un dispositivo de poder que desborda los marcos jurídicos tradicionales. El tecnofascismo emerge como síntesis de vigilancia total, opacidad decisional y legitimación discursiva basada en la eficiencia.
Gramsci aportó la categoría de hegemonía para explicar cómo la clase dominante obtiene consenso (Gramsci,1932/2014). En el contexto digital, ese consenso se produce mediante interfaces amigables, narrativas de innovación y promesas de seguridad.
Plataformas como Palantir construyen legitimidad presentándose como herramientas para combatir el crimen o gestionar crisis sanitarias, mientras se consolidan infraestructuras que pueden ser utilizadas contra movimientos sociales. Conciencia de clase exige desenmascarar esa doble función y resistencias articulares que integran saber técnico y praxis política. Además, el Informe MacBride subrayó la importancia de la alfabetización mediática como condición para la participación democrática (MacBride, 1980). En la era algorítmica, tal alfabetización debe ampliarse hacia una comprensión crítica de modelos de datos, aprendizaje automático y arquitecturas de información. Sin embargo,la formación técnica aislada resulta insuficiente; se requiere una pedagogía política que vincule conocimiento tecnológico con análisis de las relaciones de producción.
Freire sostuvo que la educación auténtica implica concientización (Freire,1970/2005). Aplicado al ámbito digital, significa capacitar para intervenir en el diseño y la gobernanza de sistemas. Todo el debate contemporáneo sobre ética de la inteligencia artificial, representado por autores como Floridi,tiende a centrarse en principios abstractos como transparencia o justicia (Floridi et al., 2018).
Aunque relevantes, cuantos principios corren el riesgo de ser cooptados por discursos corporativos que los integran como estrategias de legitimación. La perspectiva marxista no dogmática propone ir más allá de la ética normativa para abordar la estructura económica que determina el desarrollo tecnológico. Sin transformación de la propiedad y el control de los medios digitales, el código ético permanece subordinado a la lógica de acumulación.
Y el Informe MacBride ofrece una crítica al imperialismo cultural que hoy adquiere nuevas formas mediante plataformas globales (MacBride, 1980). Datos circulan en flujos asimétricos desde periferias hacia centros, donde son procesados y convertidos en valor. Tal dinámica reproduce la dependencia tecnológica y limita la soberanía informativa.
Santos ha planteado la necesidad de epistemologías del sur para desafiar la hegemonía del conocimiento occidental.(Santos, 2014). Integrar esa perspectiva implica reconocer saberes locales en el diseño de tecnologías y resistir la homogeneización cultural impuesta por algoritmos. Con nuestra dimensión ética se articula la defensa de la dignidad humana frente a procesos de reducción de la subjetividad a datos cuantificables.
Horkheimer y Adorno denunciaron la razón instrumental que domina la naturaleza y al propio ser humano (Horkheimer & Adorno, 1947/2002). El tecnofascismo representa una actualización de esa razón,donde la dominación se ejerce a través de sistemas aparentemente racionales que eliminan la deliberación política.
El humanismo crítico debe recuperar la capacidad de juicio y la participación colectiva en la toma de decisiones tecnológicas. Ya el Informe MacBride, al abogar por el pluralismo y la diversidad, ofrece un marco para pensar alternativas(Mac Bride, 1980). Cooperativas de datos, infraestructuras públicas digitales y software libre constituyen experiencias que buscan democratizar el control tecnológico. No obstante, su consolidación requiere de fuerzas favorables,lo que remite nuevamente a la lucha de clases. Sin organización política capaz de disputar el poder, tales iniciativas permanecen margínales.
Toda la Historia demuestra que cada revolución tecnológica abre posibilidades contradictorias. Engels observó que el desarrollo de las fuerzas productivas puede entrar en conflicto con las relaciones de producción (Engels,1878/2009). La actual fase digital intensifica esa contradicción: capacidades de comunicación y coordinación global podrían servir a una democratización radical, aunque sean capturadas por intereses corporativos. La resolución de esa tensión depende de la acción colectiva consciente.
Y el Informe MacBride permanece como referencia indispensable para articular una crítica sistemática y propositiva. Su llamado a un orden comunicacional más justo resuena con urgencia en un contexto donde algoritmos gobiernan aspectos crecientes de la vida social.
Ética y humanismo, en clave de lucha de clases, no pueden aceptar la naturalización del tecnofascismo. La construcción de alternativas exige combinar análisis teórico riguroso, organización política y desarrollo de tecnologías orientadas al bien común.
El llamado "manifiesto Palantir"
La naturaleza del documento, no es "marketing", es doctrina.
El llamado "manifiesto Palantir" (2026) no es un documento corporativo convencional, sino la condensación ideológica de un programa estratégico derivado del libro The Technological Republic de Alex Karp. Se estructura en 22 Tesis que articulan una visión del mundo donde tecnología, Estado y guerra quedan reconfigurados en una unidad funcional.
Su especificidad radica en tres rasgos:
Carácter programático: define orientaciones de acción, no sólo valores.
Carácter geopolítico: No habla de empresa, sino de civilización occidental.
Carácter performativo: No describe el mundo, prescribe cómo debe organizarse.
Por eso diversos analistas sostienen que "no es filosofía flotante", sino ideología operativa de una empresa cuyo negocio depende de esas mismas políticas.
Estructura conceptual: los núcleos duros del manifiesto
Primacía del "poder duro" tecnológico
El eje central es la tesis: La supervivencia de las democracias depende del poder duro basado en software.Esto implica un desplazamiento histórico: De la disuasión nuclear -> disuasión algorítmic aDe la soberanía estatal -> soberanía tecno corporativa De la política -> ingeniería de sistemas.
El manifiesto sostiene explícitamente que el poder blando es insuficiente y que el orden global se definirá por superioridad tecnológica.
Interpretación científica: Se trata de una reformulación del paradigma de seguridad bajo lógica cibernética: el poder ya no se mide en territorio, sino en capacidad de procesamiento, predicción y acción automatizada.
Militarización de la inteligencia artificial. El documento afirma que:Las armas con IA serán inevitables. El problema no es si deben existir, sino quién las controla. Esto elimina el debate ético en su nivel fundamental: Desplaza la ética desde la producción hacia la propiedad del dispositivo.
Consecuencia:Naturalización de la guerra algorítmica Legitimación de sistemas autónomos de decisión letal. Los críticos advierten que esto configura una "Guerra Fría de IA" con riesgos existenciales.
Fusión Silicon Valley-Estado. El manifiesto propone claramente:Deuda moral de las tecnológicas con el Estado , Subordinación del talento ingeniero a objetivos militares, Transformación del Estado en plataforma tecnológica.
En términos analíticos :No es privatización del Estado, Es estatalización del capital tecnológico en clave militar. Esto rompe la dicotomía clásica Estado/mercado y crea una tercera forma:-> Complejo tecno-militar algorítmico.
Antropología política implícita
El documento contiene supuestos fuertes: Jerarquía cultural (civilizaciones "superiores" e "inferiores"), Crítica a la inclusión como valor absoluto, Defensa del sacrificio colectivo (servicio militar obligatorio).
Esto indica una antropología anti igualitaria Funcionalista (el individuo vale por su contribución al sistema) orientada a la guerra como condición estructural.
Reconfiguración del trabajo y el conocimiento
El manifiesto sugiere:Devaluación de humanidades, Valorización de saber técnico-operativo. Esto implica una mutación epistemológica: de conocimiento crítico -> conocimiento instrumental de verdad -> eficacia.
Marco teórico: lectura desde ciencias sociales avanzadas
Desde la teoría del poder (Foucault / Deleuze) El manifiesto expresa el paso de: sociedades disciplinarias -> sociedades de control algorítmicas dónde el poder no vigila cuerpos, sino que modela comportamientos predictivamente; Palantir no es sólo vigilancia: es anticipación operativa.
Desde la economía política, se observa una mutación del capitalismo. Es decir:El valor ya no se extrae sólo de trabajo o datos, sino de la gestión de la violencia mediada por software.
Desde epistemología. Un análisis académico lo define como:"Razonamiento motivado": justificación ideológica de prácticas ya existentes, Esto significa:La teoría no guía la práctica.La práctica (militar, corporativa) produce su propia legitimación teórica.
Desde teoría del Estado: El modelo implícito es: Tecnocracia radical , Desplazamiento de funcionarios por ingenieros. Gobierno como sistema optimizable. Algunos análisis lo describen como tendencia a un orden posdemocrático tecnificado.
Categoría crítica: ¿tecnofascismo?
Diversos autores y analistas utilizan el término "tecnofascismo" para describir el manifiesto. No como insulto, sino como categoría analítica basada en:
Rasgos identificables: Fusión Estado-corporación-militar ; Jerarquización cultural: Movilización permanente (guerra como norma), Supresión del disenso ético en nombre de la eficacia; Centralidad de una élite técnica.
Sin embargo, una lectura rigurosa exige precisión: No es fascismo clásico (no hay masas movilizadas). Es una forma nueva:->........