No es Teherán, es Pekín

La pregunta sigue sin una respuesta clara: ¿por qué EEUU ha decidido atacar a Irán? Ni siquiera dentro de la propia política estadounidense existe una explicación convincente. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, lo expresó con franqueza. Señaló que incluso en EEUU muchos políticos no comprenden cuál es el verdadero objetivo de la operación militar. La incertidumbre no es casual. Las razones ofrecidas por la Casa Blanca han sido múltiples, contradictorias y, en muchos casos, poco creíbles.

Trump ha proporcionado una docena de argumentos distintos para justificar el ataque. Ninguno resiste un análisis riguroso. Irán no posee armas nucleares, ni existen pruebas de que esté fabricándolas. Tampoco dispone de misiles intercontinentales capaces de amenazar directamente a EEUU. Y, pese a la imagen proyectada durante décadas por la propaganda occidental, la República Islámica no ha iniciado guerras de agresión en los cuarenta y siete años de su existencia. Entonces, ¿por qué es atacada?

Una de las explicaciones más plausibles apunta a que se trata de una guerra por delegación promovida por Israel. El objetivo estratégico sería la destrucción del Estado iraní o, al menos, su debilitamiento estructural mediante un proceso de fragmentación territorial. El régimen israelí busca la balcanización de Irán. Para Washington, sin embargo, el conflicto tiene una dimensión más amplia: forma parte de la confrontación estratégica con China.

Trump teme una guerra larga. Por esa razón ha fijado un plazo de apenas cuatro semanas para intentar cerrar el conflicto. Su intención es llegar a la próxima reunión con el presidente chino, Xi Jinping, con una victoria en ciernes bajo el brazo: un gobierno iraní descabezado y la demostración de que EEUU mantiene intacta su capacidad de imponer su voluntad militar. En ese esfuerzo cuenta con el respaldo prácticamente unánime de los grandes medios de comunicación occidentales, encargados de construir un relato ya conocido: la supuesta superioridad absoluta del armamento occidental frente a los países del Sur Global.

En realidad, el conflicto tiene una dimensión más amplia. No es únicamente una guerra contra Irán, ni siquiera solo contra los países agrupados en torno a los BRICS. Es una demostración de fuerza dirigida a todo el Sur Global. Washington intenta también provocar fisuras dentro de ese bloque emergente. Para ello cuenta con las ambigüedades de algunos actores clave, como India. El primer ministro, Narendra Modi, representante de la extrema-derecha nacionalista de su país, visitó Israel apenas 48 horas antes del inicio de la guerra. EEUU espera aprovechar esa relación para fomentar divisiones internas dentro del bloque.

El conflicto plantea además una enorme disyuntiva para los países del Golfo. Estados como Arabia Saudí habían comenzado a estrechar relaciones económicas y........

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