Cuando la Puerta del Sol se abre al racismo de la derecha venezolana

La Embajada de Venezuela ante el Estado español respondió con dignidad. La embajadora Gladys Gutiérrez Alvarado formuló el daño en un comunicado oficial: «Llamar mona a una mujer constituye un acto de deshumanización incompatible con los principios del derecho internacional de los derechos humanos y con los estándares mínimos de convivencia democrática». La nota también pidió disculpas al pueblo de España, «que conoce en su propia historia el horror del fascismo y de los crímenes de odio». Quienes organizaron el acto en Madrid deberían saber esto.

La mujer detrás del insulto

Jorge Rodríguez, guerrillero marxista y cofundador de la Liga Socialista venezolana, murió bajo tortura policial en 1976. Su hija Delcy Rodríguez llegó a la presidencia de Venezuela medio siglo después. Entre esas dos fechas cabe toda la historia que con insultos quieren ocultar.

Nacida en Caracas el 18 de mayo de 1969, Rodríguez es abogada especializada en Derecho Laboral, egresada de la Universidad Central de Venezuela. Cursó Derecho Social en la Universidad de París-X, Nanterre, y obtuvo una maestría en Políticas Sociales en la Universidad Birkbeck de Londres. Vivió nueve años en Europa. El insulto que le lanzaron desde Madrid dibujaba a una persona primitiva o ignorante; la trayectoria biográfica dibuja a otra completamente distinta; una mujer estudiosa, inteligente y capaz.

El Tribunal Supremo de Justicia la designó presidenta encargada el 5 de enero de 2026, dos días después del secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores por fuerzas especiales de EEUU. Su llegada a ese cargo fue constitucional; siendo la Vicepresidenta Ejecutiva, llegó con una sedimentación de años de batallas jurídicas y diplomáticas probadas en representación del pueblo venezolano. Para la revolución bolivariana, como lo estableció el comandante Hugo Chávez y lo reafirmó Maduro, las mujeres son el alma y el cuerpo del proceso.

El insulto como política

«La mona» no es un insulto espontáneo. Responde al mismo mecanismo que en su momento convirtió a Nicolás Maduro en «Ma'bruto» o «ma'burro» por haber sido conductor de autobús y sindicalista. La lógica es idéntica y la élite que la produce también. Para ese imaginario social, el trabajador del volante es un ser incapaz de dirigir un país; la misma élite que gobernó Venezuela durante más de quinientos años y cuya única hazaña histórica fue servir de intermediaria entre los recursos nacionales y los dueños extranjeros.

Lo que une a Maduro-autobusero con Delcy-mona es la construcción de una categoría de........

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