Colombia: la seguridad como relato de guerra |
En 'La gallina ciega', escrita tras su regreso temporal a España en pleno exilio, Max Aub advertía que no podía ser juez imparcial de una realidad de la que formaba parte. Esa prevención sirve también para Colombia: la fingida equidistancia no siempre es neutralidad, sino una toma de partido encubierta. Lo que allí se juega no es solo una contienda electoral, sino el reflejo de una lucha histórica que nos implica a todos.
Los grandes medios internacionales --también muchos en España-- lo han entendido bien. Su equidistancia habitual resulta cada vez menos discreta. Ocurre con Cuba, cuando desde el diario El País se presenta como un "deber" de la izquierda acabar con la Revolución cubana. Y ocurre con Colombia, cuando se intenta reducir a Petro a la caricatura de un dirigente desquiciado que denuncia fraudes para ocultar fracasos, mientras se omite que existe un debate de fondo sobre el sistema electoral colombiano y que, en un país con su historia, ninguna denuncia de ese tipo debería despacharse sin más como una locura.
Sin embargo, la palabra de moda, también en estas elecciones, es seguridad. Pero conviene detenerse en ella. La RAE define seguridad como la "cualidad de seguro", y seguro como aquello que está "libre o exento de riesgo". Por eso, cuando se habla de seguridad, no deberíamos aceptar el término como si fuera evidente por sí mismo. Hay que preguntar: ¿seguridad para quién?, ¿frente a qué riesgos?, ¿y quién decide cuáles son esos riesgos?
Colombia es la masacre de las bananeras que narró Gabriel García Márquez; es el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el 'Bogotazo'; pero también Chiquita Brands financiando al grupo paramilitar conocido como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), el despojo de comunidades afrodescendientes en el Bajo Atrato, la violencia antisindical y el asesinato de líderes sociales y ambientales allí donde se disputan tierra, agua, recursos y soberanía.
Con esa historia detrás, la........