Chile: La gente no fue engañada, deseaba a Kast

Las explicaciones más recurrentes del triunfo del pinochetista José Antonio Kast suelen darse en dos ejes centrales: por un lado, la manipulación y la ignorancia, es decir, el campo comunicacional y la recepción pasiva de la ciudadanía. Por otro, «el voto contra sus propios intereses», como si esos intereses estuvieran hoy totalizados en una conciencia de clase sólida y no fragmentados por las condiciones materiales del capitalismo contemporáneo.

Ante ello, es inevitable traer la frase del filósofo Baruch Spinoza: «¿Por qué combaten los hombres por su servidumbre como si se tratase de su salvación?». La respuesta que se sugiere en este artículo no está en un «engaño», ni en la «ignorancia», ni sólo en la ineludible manipulación mediática. El propósito de este trabajo es darle un giro a aquellas lecturas que parecen haberse instalado en la región y en el mundo hace una década, lecturas que reaparecen cada vez que existe un golpe en el escenario político y los pueblos eligen a lo que la izquierda suele denominar sus verdugos, formulando una y otra vez las mismas preguntas de: ¿Por qué las clases populares están votando a la ultraderecha? y ¿Por qué las izquierdas no son capaces de ser una alternativa para la clase trabajadora?"

Comencemos cuestionando la tesis del «engaño», la «manipulación» o lo que los viejos marxistas denominan «la falsa conciencia». Para el Lukács de Historia y conciencia de clase, el punto de partida no está en la ignorancia de las masas o en su manipulación (que hoy realizan las grandes empresas tecnológicas por medio de los algoritmos), sino en la reificación, es decir, en una subjetividad en donde las relaciones sociales se ven fragmentadas en un orden natural e inevitable, en el que no aparecen las relaciones de poder y los procesos históricos por los cuales existen las jerarquías y la desigualdad económica. De esta manera, la construcción de una conciencia de clase capaz de ser tomada activamente por las clases trabajadoras no fracasa porque ellas «no entiendan», sino porque no existe una infraestructura discursiva y material capaz de cristalizar en un horizonte emancipador y colectivo las experiencias de precariedad laboral, endeudamiento e inseguridad de futuro.

A partir de lo anterior, es que Mark Fisher, haciendo una lectura contemporánea de Lukács, nos explica en Deseo postcapitalista la forma en que aquella experiencia reificada es utilizada por el neoliberalismo para construir la estructura de un sujeto que se ve a sí mismo como capital humano, como un ser en el mundo totalmente individualizado y desprendido de cualquier colectividad social para enfrentar sus problemas. Así, Fisher describe que en los setenta existió un «descentramiento» de la clase, para luego desaparecer en los noventa. Sin embargo, el autor británico, que escribió en los albores de la llegada del primer mandato de Trump a la Casa Blanca en 2016, advertía diciéndonos que existía «una vuelta a la clase», pero esta vez, en clave identitaria:

Así, la vuelta a la clase en forma identitaria o reificada no supone una recomposición de la clase como totalidad social --en el sentido lukacsiano de una posición estructural en la producción de riqueza--, sino su transformación en una matriz discursiva, simbólica y afectiva capaz de movilizar la rabia y el hastío de la precariedad neoliberal hacia élites políticas y culturales, que consideran como un impedimento para el despliegue de significantes que le dan forma a esta matriz discursiva, como la libertad, el emprendedurismo y el progreso individual. Es decir, tal como describe Fisher, la identidad de clase es una base desde la cual movilizar un descontento como un lugar de tránsito y de carrera hacia la perspectiva de ser empresario, «dueño de tu propio tiempo» o «tu propio jefe».

En ese sentido, José Antonio Kast, en su primer discurso como presidente electo, también construyó esa matriz discursiva, simbólica y afectiva bajo la cual la clase constituye una identidad desde donde desplegar un fenómeno de canalización de la rabia y el malestar social, al igual que Trump. El ejemplo más patente de esto, tal vez esté uno de sus........

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