Pueblo, democracia y malentendidos
El problema que plantea la democracia radica en la existencia y el funcionamiento de un pueblo (demos). Afirmar que «la soberanía reside en el pueblo» es un paso esencial, pero insuficiente.
La izquierda progresista y liberal ha creado una ficción, desprovista de fundamento histórico o práctico, según la cual las democracias pueden existir sin pueblo. De hecho, estas «democracias sin pueblo» no son más que la reducción de la democracia a un espacio (global) de intercambios voluntarios. Esta es la «democracia» donde «un dólar es un voto» y donde la voluntad del pueblo se expresa mediante actos de compra en el mercado (o de 'likes').
Obviamente, aquí no existe una identidad colectiva y, por lo tanto, tampoco un horizonte político, que requiere la posibilidad de un diálogo horizontal entre todos los responsables de la toma de decisiones. Esta es la «aldea global» de «ciudadanos del mundo». La política es sustituida por la economía, la democracia por el mercado. Ya lo sepan o no, esta es precisamente la dirección que están tomando todos los activistas del movimiento «sin fronteras», junto con quienes consideran la ciudadanía un lujo inútil o una distinción políticamente correcta.
Las democracias surgieron con la aparición de sistemas políticos definidos territorialmente, donde las leyes, decididas por quienes pertenecen permanentemente a un territorio, rigen lo que sucede dentro de él. (Por eso existen excepciones —la extraterritorialidad— como las embajadas o los barcos, donde, de manera totalmente excepcional, una ley definida por un pueblo se aplica a un territorio distante y........
